Viviendo un pedacito del continente asiático.

10/04/2011 SABAIDEE

     Llegar hasta Laos no ha sido fácil. Hemos tardado cuatro días, atravesando cuatro paises y un total de ocho ciudades. Además para todo el trayecto hicimos uso de: dos aviones, un tren, tres autobuses e incluso una canoa, a lo que sumamos unos cuantos ´´tuc tuc´´ (los taxis típicos de Tailandia y Laos) y un viajecito en metro.
     Después de los largos viajes en bus y tren por India y Nepal, viajar 9 horas en avión, es coser y cantar. Salimos de Kathmandú, haciendo escala en Delhi; donde tuvimos que correr porque el primer avión salió con retraso y llegamos justisimos a coger el segundo. A cerca del trayecto en avión poco que contar: la típica comida de avión, aquí bien especiada. Unas cabezaditas, un poco de lectura y cuando quisimos darnos cuenta estabamos en Tailandia.
     Aterrizamos en Bangkok y por tercera vez una nueva moneda, nuevo idioma, nueva cultura. Nada más llegar nos encontramos después de meses con el metro!. De la vida rural de montaña en Nepal, pasamos a la gran ciudad. La capital de Tailandia, nos parece a primer golpe de vista, igual a cualquier gran ciudad europea; ya lo decía la gente.
     El metro es nuevo, muy parecido a nuestros trenes del metro madrileño, que vuelan. En menos de media hora atravesamos la ciudad, llegamos al centro, a una gran estación de tren, donde para llegar hasta la zona movidita en la que dicen estan todos los guiris y los hoteles: kao san road, nos toca coger el primer tuc tuc: éstos son muy parecidsos a los  riksaws de India, pero un poco más grandes y mucho más cómodos, en estos se va medio recostado y están decorados como brillantes y coloridos.
     Solo pasamos 24 horitas en bangkok, hasta la noche del viernes, que cogeremos un tren dirección norte, donde nos reencontraremos con Lakshmi para irnos juntos hacia Laos.
    La gran ciudad en principio es un shok, nos llaman la atención los grandes edificios, los numerosos semáforos y pasos de peatones, la espectacularidad de la iluminación nocturna, los taxis que son de colores pastel: rosas, azules, verdes... Las chicas con tacones altos, los pantalones cortos, los vestidos ceñidos, los chabales vestidos a la última moda con pantalones pitillo caidos, bolsos bandolera y zapatillas de marca. Nos choca el ambiente festivo y el movimiento que hay a las diez de la noche por todas partes...
     En fin, alucinamos con todo lo que es parte de nuestra vida alli, en España, pero que hacía tres meses que no veíamos. La mente se adapta muy rápido y sin que te des ni cuenta. Enseguida te acostumbras a ver normal que las mujeres no enseñen las piernas ni los hombros, a moverte por la ciudad sin semáforos, a irte a la cama tempranito porque a las 21h no hay ni dios por la calle... A todo te acostumbras.
     El viernes por la noche cogimos un tren sleeper... Ya antes de subir nos intrigaba cómo sería. Sabíamos que como el de India no sería, pero además viajabamos en primera clase, porque no quedaban otros billetes.
    Qué pedazo de tren! en Bangkok hacía un calor insoportable, pero nosotros viajabamos con aire acondidionado. Las literas llebaban un mullido colchón, sabanas limpias y colcha, además  de la mejor almohada que he probado en los últimos meses. Las camitas tenían cortinas para tener algo de intimidad al dormir. Cada cama tenía su lamparita y su enchufe... Increible! Y el baño... qué baño! no solo estaba limpio si no que tenía papel higienico, jabón, toalla y espejo. Como no, había cafetería, y cada poco rato pasaban vendiendo suculentas bandejas de fruta y zumos fresquitos
     Después de vernos una peli, dormimos del tirón unas diez horas! por que eso sí, para una distancia de 700 km tardamos catorce horitas. Pero que bien dormimos! aquello fue como un hotel en movimieto.
     Llegamos a Chiang Mai, una ciudad al norte de Tailandia. Aquí nos reencontramos con Lakshmi. Hace justo un mes que nos despedimos de ella en Varanassi. Volvemos a juntarnos, compartimos destino, un nuevo país: Laos. Viajaremos juntos hasta allí.
     De Chiang Mai cinco horas de bus hasta Chiang Rai, una ciudad más al norte aún y a pocas horas de la frontera. Tuvimos que hacer noche. Buscamos una habitación para compartir los tres. Encontrarla no fue fácil; los tailandeses hablan poco inglés y además no tienen el afan por ayudar al turista que tenían en India y Nepal. Se acabaron los corrillos a nuestro alrededor y de momento los cazatalentos. Buscamos y buscamos, casi todas las guest houses estaban llenas, las que no, eran muy caras y aquí el regateo no se estila a penas. 
     Al final encontramos una habitación: llamativamente limpia, en un lugar tranquilo, barata y cómoda. Pudimos darnos una ducha y dormir unas horitas antes de coger el siguiente bus, que nos dejaría porfín en la frontera.
     A eso de las nueve y media de la mañana, ya habíamos llegado al border, en Chiang koh (otro pueblo tailandés) ya habiamos cogido un autobús, un tuc tuc, una pequeña canoa para cruzar el Mekong y nos habían sellado los pasaportes. Estabamos por fín en Laos! de nuevo cambio de moneda, de idioma, de cultura.. Laos es un pais poco desarrollado turísticamente. ´´Las voces populares´´ lo describen como un pais bellisimo, humilde, de ritmo tranquilo y grandes sonrisas.
    Nada más atravesar la valla donde nos revisan el visado de los pasaortes, un policia pequeñito y con ojos muy rasgados, sonriente y simpatiquísimo, nos saluda en español y nos da nuestra primera lección de laosiano: Hola se dice Sabaidee y, gracias: koph jai.
     En cuanto a la moneda, es curioso, las cantidades son todas en miles, para hacernos una idea: un millon de kibs son cien euros, así diez centimos de euro son mil kibs y diez mil tan solo un eurito. Bromeamos a cerca del mes que pasaremos en este pais siendo millonarios!
     No contentos con la paliza de buses trenes y aviones que llevabamos a las espaldas, nos propusimos llegar hasta el norte del país. Lakshmi nos propone ir a visitar un pueblo en las montañas de Laos, al norte, ya casi haciendo frontera con China. Dicen que alli hay pequeñisimos pueblos de tribus y un hambiente muy tranquilo.
     Emprendemos el camino hasta alli. Para llegar cogemos otros dos autobuses. Si en Nepal los buses eran pequeños, aquí son como llaveritos... Son autobuses estrechos, cortitos y bajitos cargados hasta arriba y, para que todos esten cómodos y nadie vaya de pie, ponen en el pasillito entre asientos, pequeñas banquetitas de plástico, mimbre o madera.
     El camino hasta Moang Sing, nuestro lugar de destino, es una subida por la montaña entre un paisaje tropical impresionante. Las ventanas entreabiertas del autobús, dejan pasar un intenso olor a naturaleza, el olor del oxigeno. Estamos los tres impactados por la frondosa vegetación, las laderas del monte estan abarrotadas de bosques, entre el color verde destaca el amarillo de las cabañas de paja y madera de las pequeñas aldeas, hay cientos a lo largo del camino. Enormes arboles de bambú.Plataneros. Verde, verde, verde!
     Llegamos a Moang Sing ya de noche. Por hoy nos quedamos en el primer hotelito que encontramos. Ahora si que sí, necesitamos descansar! La casera, un mujer encantadora, muy amable y sonriente, nos proporciona una comoda habitación y una riqíisima cena. Después de cuatro días hemos llegado a nuestro destino.Aún así, mañana iremos en busca de una guest house que hay más adentrada en el campo, más cerca de los poblados de tribus que habitan por aquí.
     El pueblo en el que estamos pertenece a la provincia de Loam nam thag. Totalmente al norte del país. Un pueblito situado a tan solo doce kilometros de China.
Las aguas del Mekong. A la izquierda Tailandia y a la derecha Laos
Ceci.

7/4/2011 UNA MORENA Y UNA RUBIA

     Nepal se nos acaba. han sido cuatro semanas muy, muy intensas.
     Parece que fue ayer cuando nos dejamos engañar por un cazatalentos para que nos trassladase unos cientos de metros más abajo el día de nuestra llegada al pais.Cuando saboreamos nuestra primera hamburguesa con el deleite propio de las mejores mariscadas. Han pasado treinta días desde que observasemos las calles de esta ciudad con mirada crítica y desconfiada viniendo del encantamiento de India.
      Nos habíamos propuesto que fuera el pais del deporte y, relamente lo ha sido. Montaña, rio, bosque. A pie, en bicicleta, en bus, en camión, en camioneta.. La verdad es que no hemos parado.
    Los últimos días los hemos pasado entre  Pokhara y Kathmandú. Las dos ciudades más importantes del país. A mi me han pillado con el estómago revuelto y con una descomposición que parece que me llevaré a Bangkok.
    Últimas compritas y un nuevo envio en Katmandú aprovechando también para quitarnos algo de peso que hemos ido acumulando durante todo este tiempo,.
    Sin duda alguna lo mejor de estos últimos días ha sido el descubrimiento de una nueva persona en nuestro viaje: Manuel. Compañero de Guess house en Pokhara. Le conocimos un día antes de empezar la ruta en bici y, aunque hubo tiempo para cruzar unas palabras, ha sido ahora, a la vuelta, cuando hemos podido conocernos un poco mejor. Tiene sesenta y un años, original de Madrid. Vive a caballo entre Cadiz y la capital. Lleva, como nosotros, unos cuantos meses viajando entre India y Nepal. El hombre, tiene algún problema de salud que le hace tener cuidado con su alimentación y hábitos de vida aunque, desde luego, eso no evita que sea un aventurero de los pies a la cabeza. Cariñoso, inteligente, interesante y "rojo" hasta la medula. Si le dejas, te puede estar contando la historia de España desde los reyes católicos. Parece tener memoria de elefante. Devorador de libros. Es una maravilla poder escuchar a alguien que sabe tanto de tantas cosas y contadas con esa humildad y emoción. Ha sido un placer que se encontrara en nuestro camino. Que alegría me da encontrar gente así. Es donde los viajes cobran sentido.Seguro, nos reencontraremos en España.
     Después de los últimos días por Pokhara nos fuimos a Katmandú a pasar las tres últimas noches de nuestro paso por Nepal. Una ciudad que huele a historia y de la que sin embargo apenas descubrimos unas callejuelas por el centro. Era poco tiempo y mi estado de salud no era el mejor. Nos vino bien el descanso y los paseos por el barrio para coger fuerzas en vistas a los próximos días y la caña que suponen los traslados de un pais a otro.
    Veníamos enamorados de India. Casi como la sensación del primer amor de verano del que estás convencido de que, jamás volverás a encontrar a nadie igual. Nepal, como segunda novia, tenía un handicap elevado. Siempre en búsqueda de la comparación con todo aquello que nos había maravillado de la India.

Los templos de Lumbini
Crece la hierbabuena por todo Chitewan
Los dueños del hotel hacían las veces de carniceros...

Nuestro primer techo-bus

En este nos pegamos cinco horas encima: cogimos un tono.
El equipo del rafting. El día que comenzamos el rafting coincidió con la fiesta de el holi: una fiesta popular en Nepal e India, en la que niños y mayores juegan a tirarse pintura con cubos, pistolitas y globos. No nos libramos...

El campamento base de Pokhara.
Los puentes colgantes.

Paso Carrabille 2: mucho más asequible.

Una cueva plagadita de murcielagos.


La bautizamos con el nombre de Turis. Apenas hablaba pero cuando su padre llegó a casa (el casero) salio corriendo en su busqueda y grito feliz: papa turissss!!! como si la acabasen de regalar una bolsa gigante de caramelos.

Bien agarraito a mamá.
Buenas migas.
Trabajar el campo

Casas de arcilla

 

  





  

     Al final, hemos caido rendidos a sus encantos. Sus pueblos, sus paisajes, sus montañas, sus gentes. En India siempre quisimos entremezclarnos con "ellos" y, al final, siempre acabamos en los "guettos" españoles. Aquí, casi sin darnos cuenta hemos convividos con los lugareños siendo testigos de su generosidad. Ha sido más corto, también más intenso. Si tengo que elegir novia, me quedo con las dos.
















2/ 04/ 2011 LUMBINI

Anita nos despertó por la mañana, iimpaciente por hacernos la última foto juntos antes de irse al colegio. Nos apuntó su telefono, intercambiamos algunos regalitos para tener recuerdos los unos de los otros y seguimos adelante en el camino.
     No siento las piernas!!: era mi sensacion matutina al coger la bici. La kilometrada de ayer habia dejado secuelas: dolor de manos, dolor de culo y, un cansancio, que yo sentía que tardaria dias en recuperar.
      Teníamos un objetivo: llegar a Lumbini, al sur de Nepal y a muy muy pocos kilometros de India. Es la ciudad donde nació Buda, dicen que está llena de templos de todas partes del mundo.  Lugar de peregrinaje para budistas y otros religiosos. Aún siendo una ciudad turística dicen que alli se respira calma. Vamos pues, en busca de la cultura religiosa y espiritual asiática. Queremos llegar en dos días más de bici y estamos a unos 120 km.
     A pesar de sentir que no puedo dar una sola pedalada más,  el descanso tendra que esperar. Haciendo de tripas corazón había que subir una colina nada mas levantarnos. Al poco tiempo comenzaba un gran puerto de montaña  y, ya escarmentados por aquel día que empujamos la bici montaña arriba, decidimos parar un camión que nos ahorrase este mal trago.
     Lo que en camión fueron quince minutos, en bici podrían haber sido horas. En el punto más alto de aquella montaña, retomamos la bici y nos dejamos caer rodando, con el vienteciito de primera hora de la mañana dandonos en la cara. De nuevo comenzó el camino en llano y se mantuvo durante toda la jornada.
     Después de 60 kilometros (por supuesto haciendo paraditas para beber algo y descansar) llegamos a una ciudad a tan solo 50 km de Lumbini.. Significaba que ibamos a conseguir nuestro ´´reto´´, mañana llegaríamos a la ciudad sagrada.
     Conseguimos una habitación en el pueblo, estaba limpia y en un lugar tranquillo. Después de una ducha renovadora  pasamos la tarde noche descansando, viendo pelis, tomando té y muy tempranito a dormir. Aquí en Nepal estamos llevando una vida de lo más sana: nos dormimos entre las ocho y las diez, nos levantamos entre las 5 y las 7 y el deporte es el protagonista de nuestras actividades.
     Por la mañana cogimos la carretera hacia Lumbini: llana, bien asfaltada, el sol aún no estaba alto, y los callos producidos por la bici eran más duros y resistenetes que el día anterior. Además la proxima parada era la meta y eso era una gran motivación.
     Cuatro horitas más tarde llegamos a dicha meta. Nuestra prioridad era encontrar una casa agradable y descansar. Aunque sabíamos que en el ´´sacred garden´´ un bosque gigante amurallado, nos esperaba un mundo nuevo por descubrir de templos y espiritualidad.
     Al día siguiente  agarramos las bicis y nos adentramos en el jardin sagrado. Había muchísimos templos y monasterios: coreano, chino, frances, nepali, hindú... La gran mayoría espectaculares por fuera. Por dentro... he de confesar que llegamos tarde y no nos dio tiempo a entrar a ninguno. Pero solo pasear en bici por aquel lugar en calma y lleno de construcciones preciosas, mereció la pena.

nos cerraron las puertas del templo chino en las narices...
templo coreano
      En algunos templos se alquilaban habitaciones. Qué rabia! de haberlo sabido podríamos haber pasado alli nuestra estancia en Lumbini. Nos planteamos por un momento quedarnos un día más; pero aún nos quedaba la vuelta a Pokhara, que sería un día entero de viaje, no sabíamos si en camión o en bus, tendríamos que buscarnos las castañas.Y en pocos días tenemos un vuelo a Tailandia, y queremos pasar antes por Kathmandú. Así que lo mejor es aligerar el paso y volver ya al campamento base.
     Al día siguiente, para llegar hasta Pokhara cogimos dos buses y un camión. Los autobuses aquí en Nepal son muy pequeñitos, como de juguete; además suelen ir petados de gente por dentro y en el techo. Así fuimos nosotros durante horas, subidos en el techo, acoplados en los hierros de aquella baca gigante. Los buses no son muy altos y no van a mucha velocidad, pero al principio impresiona un poquito. La verdad es que ibamos encantados; viendolo todo desde las alturas, con el sol y el viento pegandonos en la cara...




A cada poco rato uno de los dos daba la señal de alarma: ´´cuidado!´´ y nos agachabamos rapidamente para no darnos con las ramas de los arboles y, en muchos casos con los cables de la luz, que cuelgan muy bajo. También con los baches había que sujetarse fuerte y sostener el peso al caer si no queríamos ´´rompernos el culo´´ (con perdón de la expresión) al rebotar contra los hierros... Nos echamos unas risas ahí encima, pero después de seis horas de techo, cuando estaba anocheciendo, nos trasladamos al interior del bus, donde los asientos que un día nos parecían pequeños e incómodos, fueron como sillones de algodón mullido para nuestros  cuerpecitos cansados de tanto trote.



     Llegamos por la noche a Pokhara, una vez más. Aunque el primer día que llegamos aquí no nos gustó nada la zona (muy bonita pero excesivamente turística) se ha terminado convirtiendo en nuestro campamento base y, cada vez que llegamos después de unos días fuera, sentimos que llegamos a casa.

Ceci

28/04/11 LA NIÑA FAN

    
De derecha a izquierda: Anita, su sobrina, su madre, Ceci, el primo y yo
     Con el olor a cochambrera todavía pegado al cuerpo, nos despertamos antes del amanecer con intención de estar a primera hora en los alrededores de la reserva natural del parque de Chituan. Antes de coger las bicis, vemos como en este hotel, no necesitan ir al surpermercado a comprar los pollos listos para cocinar. El hijo los destripa mientras el padre los limpia en una cazuela ensangrentada. Con esta imagen no demasiado salubre tomamos la decisión de desayunar al menos, unos metros alejados de este lugar.
    A los pocos kilómetros entramos en la reserva. Ante nosotros, una recta infinita atraviesa un bosque frondoso a ambos lados. Poco después llegamos a la bifurcación de nuestro siguiente destino: Sahuraha.Un pequeño pueblo situado en el centro-sur del pais, a tan solo unos pocos kilómetros de la frontera con India.
Del camino de asfalto pasamos a un empedrado arenososo. Si cambiásemos en la nueva estampa las bicicletas por caballos, la nueva estampa me recuerda a las imágenes que tengo del "far west". Para los que han visto regreso al futuro III, era como entrar en el poblado de Hill Valley.
    Despues de siete kilómetros más, llegamos al nuevo punto de asentamiento por unos días. Un pequeño pueblo de bosque. A priori encantador, muy tranquilo y con espacios muy abiertos. Su situación como pueblo más cercano al parque natural, lo convierten descaradamente en un punto turístico y las numerosas guess houses y restaurantes, dan prueba de ello.
    Hoy no llevamos muchas horas en la bici así que, decidimos investigar bien el pueblo antes de decantarnos por alguno de los alojamientos. Los precios son algo abultados (para nuestros nuevos bolsillos) y no damos bien con algo que nos "atrape". Al final, cansados de buscar nos quedamos con quien mejor nos ha atendido en nuestra búsqueda. Por hoy será suficiente: una habitación luminosa y un buen colchón.
    Todo el turismo de la zona está encaminado a las distintas atracciones que te ofrecen en el parque natural. Paseos en elefante, en jeep, caminando o en canoa, para descubrir en el camino los rinocerontes, cocodrilos, elefantes y tigres, entre otros animales, que aquí, viven en libertad.
    Ya que hemos llegado hasta aquí, que menos que echar un vistazo acerca de las actividades que el parque puede ofrecernos. Si bien es cierto que después de nuestro paso por "la balsa de aceite", nos hemos jurado tener mucho cuidado a la hora de escoger una actividad programada y preparada para el turista, después de hablar con un par de guías y, viendo que la actividad puede ser atractiva, nos decantamos por instalarnos aquí un par de días y hacer mañana la incursión por el parque en jeep: "que dios nos pille confesados".
    Entre guía y guia, hemos dado con uno que, además de dedicarse a vender todo tipo de escursiones, trabaja para una guess house y es aquí donde trasladaremos nuestra residencia.



Nuestra segunda residencia en Chitewan
     Nuestro nuevo casero tiene una tiendecita donde además de vender escursiones, lo mismo te vende una coca cola que un cepillo de dientes. Despues de conversar un rato con él, nos aguarda una sorpresa en la trastienda. A pocos metros hay un pequeño descampado y allí, descansa su elefante. Que animal tan impresionante: enorme, apacible, señorial. Parece siempre sonriente. Al acariciarlo sientes su piel rugosa, infranqueable. Es un animal magnífico. Ya en India, Ceci, "decidió" que éste era su animal favorito. Ahora a pocos centimetros de su enorme trompa, lo acaricia ensimismada.
    Hoy se nos ha escapado la escursión por unos minutos. Esperaremos a mañana y esta tarde nos dedicaremos a nosotros, a descansar y reponer fuerzar. A la caida del sol, nos recomiendan ir a visitar el centro de elefantes donde, supuestamente, éstos, se relacionan.
    A mitad de camino encontramos un buen sitio a orillas del rio donde decidimos hacer una parada para picotear algo. El descanso se convierte en un "tapeo" a la española con productos de la tierra regado con unas cervecitas. Una ligera "falsa euforia", nos lleva a comer algo más de lo necesario (eso más de lo necesario salió a las pocas horas por el mismo sitio que había entrado). Con las barrigas satisfechas nos fuimos a visitar el parque de los elefantes. Lo que se suponía que debía ser un patio de recreo era más bien una prisión. Todos atados de corto y sin más libertad que la distancia a la que las trompas les daban acceso a la comida. Una pena.
    Esa noche, precedida de las habituales pesadillas de pesadez de estómago, tuve que devolver los momos(pequeñas empanadillas de pasta de arroz, rellenas de carne de búfalo, fritas y muy, muy grasientas) a su lugar de origen.
    A la mañana siguiente el cambio de casa y, al poquito rato la escursión en jeep. Primero hay que cruzar en una estrecha canoa un pequeño riachuelo. Al otro lado nos esperan el coche y las ganas de descubrir animales selváticos en su habitat natural. La escursión será de cuatro horas. Nada más que decir que lo más interesante que vimos fue un rinoceronte, o eso al menos fue lo que nos dijeron porque igual podia haber sido un elefante o un canto rodado, por la distancia a la que se encontraba.

    En fin que después de esta nueva experiencia organizada nos hemos prometido que dos y no más.
    El día siguente lo pasamos descansando y cogiendo fuerzas ya que nos hemos propuesto llegar a nuestra siguiente escala (Lumbini) haciendo todo el recorrido en bici. Son casi doscientos kilómetros y estamos abiertos a todas las posiblilidades pero, en principio, estamos mentalizados a realizar el trayecto en su totalidad pedaleando.  
     A la mañana siguiente despertamos prontito. A las siete de la mañana ya estamos en marcha. Los primeros catorce kilómetros son de retroceso, ya que para coger la carretera principal tenemos que volver a nuestra segunda cochambrera. El terreno es llano, la carretera es buena. Las pilas cargadas a tope y nosotros, llenos de moral. Los kilómetros pasan a penas sin darnos cuenta. La vista es muy agradable. Vamos dejando atras pequeños poblados cuyo encanto radica en la sencillez y la tradición.

Un puestecillo de carretera donde descansamos unos minutos



Casi sin querer hemos superado el mejor de los pronósticos para el día de hoy. Han transcurrido cincuenta kilómetros y aún nos quedan fuerzas para seguir pedaleando un rato más. Primero, reponemos fuerzas con un señor thali (el plato típico tanto de India como de Nepal a base de arroz, lentejas y dos o tres tipos de verduras. Todo ello bien picantito). Un rato de reposo para bajar la comidia y, continuamos. A quince kilómetros decidimos hacer el asentamiento de hoy. El último tramo es el más duro. Son solo pequeñas colinas pero después de más de cinco horas en la bici comienza a notarse el esfuerzo. Por fin, llegamos al pueblo. No tiene mucho que ofrecernos. A primera vista parece un pueblo-ciudad sucio y feo. No estamos para hacer ascos pues toca descansar, aunque decidimos que hoy puede ser un buen día para darnos un "lujo" y nos ponemos a buscar un alojamiento correspondiente a nuestros deseos. Todos los dedos señalan una dirección. No hay más que un hotel. Desde fuera huele a cochambrera por las cuatro paredes. Ceci hace las veces de tasador y vuelve con los peores pronósticos.Mal oliente, sucia y cara. Si quereis otra cosa, nos dicen, teneís que avanzar otros siete kilómetros. Estamos cansados pero hoy nos "toca" un buen colchón asi que nos subimos de nuevo a las bicicletas. Con casi setenta kilómetros a las espaldas un pequeño puerto se nos cruza en el camino a las afueras del pueblo. Es mejor no pensarlo ya que es la única ruta.Paramos unos segundos ya que la bici de Ceci va un poco frenada y hay que repararla. A la izquierda, un poblado de cuatro casas de paja, nos hace soñar con lo estupendo que sería pasar aquí la noche. A mitad de camino entre la desesperación y el cachondeo se me ocurre gritar a los cuatro vientos. "Alguien nos mete en su casa?!?!? Pagamos doscientas rupias!!!!(unos dos euros). Unos pocos curiosos salen a divertirse con el loco de la carretera. Al menos prestan atención. Ahora ya estan fuera de sus casas, asi que, vuelvo a repetir la operación. A los pocos segundos una niña sale gritando colina arriba "In my house!!!!, in my house!!!!. No nos lo podíamos creer. Había dado resultado. Anita, la que a la postre sería bautizada como "la niña fan", junto con su familia, nos acogieron con los brazos abiertos.


La madre de Anita separando las semillas de la paja para hacer aceite. La caseta de la derecha es la cocina.

Ceci tomando un té de bienvenida. A la izquierda, el baño.
     Una casa de cuento, a base de paja y arcilla. Por esta noche, la pequeña Anita de trece años, nos ofrece su habitación. Está encantada con nuestra llegada. La voz se corre rapidamente en el poblado y al poco tiempo de nuestra llegada, la casa de esta familia se convierte en el centro de reunión del pueblo. Son muchos los curiosos que quieren hablar con nosotros. Los que saben inglés te bombardean a preguntas, el resto te mira embobadamente y sonrie. Estamos encantados en nuestro hogar por un diá pero, estamos reventados y, no vemos la hora de irnos a acostar. Anita tiene mucha más energía que nosotros y, junto con su primo, no nos dejan estar solos ni un segundo. Tiene una habitación llena de posters de sus ídolos. Sus ojos expresan lo que más tarde nos diría con sus propias palabras. Para ella es como si las personas de esos posters estuvieran en su casa en carne y hueso. Intentar escaparnos de la cena fue algo inutil. Solo queríamos descansar pero, su insistencia por ser invitados a su mesa, no tenía fin. Salta a la vista que en esta casa no les sobra nada y, sin embargo, su hospitalidad, supera cualquier límite para mi conocido. Es realmente emocionante ver como gente que tiene tan poco te da tanto, sin esperar nada a cambio.
    Antes de dormir tuvimos suerte de vivir un momento mágico, de cuento de hadas. Salimos a fumar un cigarro. La noche estaba oscura y, de repente cientos de luciérnagas nadando en el aire. Bellísima estampa. Me resulta dificil contarla con palabras.
     Finalmente, nos dejan escaparnos a descansar. El día a sido muy intenso y mañana puede ser más de lo mismo. Rendidos y encantados nos vamos a dormir.


25/ 03/ 2011 UN POQUITO DE BICI

 

      Llega el momento de coger las bicis. El treking y el rafting nos han despertado el ´´body´´ y ahora viene lo mas duro y  también lo mas emocionante. Tenemos dos semanas para rodar nuestras bicicletas por el país, libremente, hasta donde queramos y podamos llegar.
     Tenemos una ligera idea de los lugares que queremos visitar, pero nada cerrado. El primer objetivo es llegar en tres días como mucho, a atravesar la ´´frontera del Anapurna conservation area´´. No sabemos si esto es una locura, son todo montañas y no sabemos hasta que punto podremos llegar con la bici.

DIA 1: Hogar dulce hogar.
    
     8 a.m: Recogemos las bicis. Salimos de la zona turística de Pokhara. Atravesamos el centro de la ciudad, dirección al norte. Pedaleamos cuesta arriba durante largo rato y cuando nos queremos dar cuenta habíamos llegado mas lejos de lo que creíamos. Para ir en dirección a nuestro objetivo, tenemos que cruzar a la montañita de enfrente, atravesando un pequeño rio, ya que la carretera por la que vamos se desvía hacia el oeste.
     Después de mucho preguntar, damos con un chico encantador que nos acompaña hasta el camino de cabras por que tenemos que ir. Bajamos algunos metros y llegamos a un puente colgante por el que cruzaremos el río. Este tipo de puentes son muy comunes en Nepal, en este caso es pequeñito, pero a veces los hay que cruzan enormes ríos.

   
      Una vez al otro lado tenemos dos opciones: seguir un caminito que va pegado al río, en dirección opuesta a donde queremos, hasta llegar a un pueblo en el que podremos conectar con la carretera principal y retomar nuestro camino.  La otra alternativa es subir una especie de ´´paso carrabille´´ atravesando la montaña con la bici, hasta llegar arriba del todo, donde damos directamente con la carretera y además en la dirección que nos interesa.
     Sin dudarlo demasiado tomamos la segunda opción. Es un poco una locura: es un camino corto pero muy empinado, es una escalera ´´silvestre´´ hecha con piedras. Andando puede ser cansado pero fácil, pedaleando es imposible, cargando o empujando la bici es durisimo pero factible. Nos encanta complicarnos un poquito, lo justo para darle más emoción al asunto.

     Cansados pero sin problemas, llegamos arriba. Seguimos entonces, como si nada hubiera pasado, por una carreterita por fín llana!!! Según el mapa, muy cerca está la ´´Bats Cave´´: una cueva llena de murciélagos, de la que nos habían hablado Ross y Hanna. Nos pilla de camino, así que vamos en su busqueda.
     Hubo un momento en que se me cayó la bici en parado, rato más tarde me di cuenta de que la rueda de atrás iba frenada. Se había abollado la circunferencia metálica que bordea el neumático. Por suerte habia un pueblo cerca. Paramos a comer y a arreglarlo. Con un martillo prestado, Javi quita la abolladura y aparentemente se queda ´´perfect´´.  
     Seguimos en dirección a la cueva. Al llegar resulta ser un sitio muy turístico: cobran al entrar e incluso te ofrecen guia. Entramos. Es una cueva bajo tierra, oscura y humeda. Durante un rato y a pesar de llevar linterna no vemos nada. Al ratito de estar alli pudimos ver incontables, millones de murciélagos inmóviles colgados del revés en las rocas del techo. No me gustan nada los murcielagos y de primeras la cueva ya me dio mal rollo, pero la verdad es que aquella imagen merecía la pena, impresionaba.

  
     La jornada de bici ya se estaba haciendo intensa, era el primer dia y tampoco queriamos agotarnos más de la cuenta, hay que dosificar las fuerzas. Buscamos en el siguiente pueblo un sitio para dormir. Aparentemente no habia hoteles ni guess houses. Preguntando se llega a Roma y además a los niños de estos lares les encantan los turistas. Preguntamos a un niño muy pequeño y enseguida sin entender ni papa el niño nos contactó con los que empezarian siendo nuestros caseros para acabar siendo ´´nuestra familia´´.
    Nos dejaron una habitación en el patio de un vecindario. Alli en cada habitación vivía una familia. El patio lo compartían y hacia las veces de cocina (bastaba con una hoguerita, nada de gas) comedor y espacio de juego para los chabales.
     Para dormir, teníamos un somier de madera sin colchón, que enseguida apañaron con una alfombra para que no fuese tan duro. Después del dia de bici dormir así no era muy apetecible, pero convivir con ellos en su casa,en su vecindario, era una oferta que no podiamos rechazar!. El precio?: ´´lo que querais´´ fue la respuesta.

  

    Ya instalados, la habitación fue invadida por, no menos de 8 niños. Los padres, mas discretos, miraban a traves de la ventana. Los chabales nos acribillaban a preguntas, nos enseñaron canciones, tambien nosotros a ellos... Hacía años que no veia a niños disfrutar tanto jugando al corro de la patata. Éramos el acontecimiento del dia o incluso de la semana!. Lo que no sabían es que también ellos lo eran para nosotros.

  
     A las 8 de la tarde estabamos invitados a cenar. Que fiesta! se respiraba lo especial que estaba siendo aquello, para ellos y para nosotros. Allí el que más o el que menos chapurreaba inglés como podía y el que no, nos miraba y sonreía, aquello era suficiente.
    Bailamos, cantamos, charlamos y comimos hasta rebentar!. Cualquiera decía que no, con la bandeja llenita de comida! y cualquiera dejaba algo en el plato... No les haríamos ese feo. La comida estaba deliciosa pero las cantidades eran desmesuradas, lo que supuso irnos a dormir con la barrigota por delante. Nos miraban de reojo mientras comíamos: los padres como deseos de encontrar gestos de disfrute en nustro rostro, los niños se reian y cuchicheaban al vernos comer con la mano.
     ´´Somos vuestra familia en Nepal´´ nos repitieron varias veces. Y así, o mejor, nos trataron: como al familiar más querido, como al invitado más especial. No dabamos credito  a su generosidad y su cariño.
     Ya en la intimidad, nos preguntabamos como era posible algo asi. Una familia de 5 personas, que tiene como casa sólo una habitación, desean darlo todo para que tú, su amigo, estes agusto. Nos lo dieron todo a cambio de nada. Aquello desde luego no era por dinero, si les daríamos algo, no lo sabían. Era un trato tan sincero, tan tierno!. Estabamos impresionados y felices: compartiendo algo sencillo; un hogar con gente increible que por una noche fueron nustra familia.

Dia 2: Con la bici a cuestas
    
     La despedida por la mañana fue breve pero intensa y emocionante. Aquí hay que aprender a no apegarse, a saber vivir experiencias maravillosas pero pasajeras. El camino siempre es hacia delante. Y para los buenos recuerdos hay un hueco infinito en la mochila!
     Antes de seguir, tuvimos que pasar por un taller de bicis, ya que el apaño que hicimos el día anterior no fue suficiente. Había que cambiarle la pieza a mi bicicleta. Solo llevabamos un día y ya estabamos con arreglitos!!

   
     Ya con la bici a punto, continuamos nustro camino. Subimos una montaña matadora, tardamos toda la mañana, el camino de tierra y piedras, siempre cuesta arriba y lleno de curvas. Subimos empujando practiamente todo el camino.
     Durante un rato tuvimos ayudantes: cuatro niños nos llevaron las bicis montaña arriba, estaban encantados!! yo no podia creerlo, a mi me dolía hasta el alma de aquella subida y para ellos era la mejor atracción. Les compensaban aquellas subidas, solo por poder pedalear unos pocos metros cuando llegaba un llano.  Parece que todos salimos ganando en aquel intercambio.

  
     El camino fue muy duro, agotador. El sol era infernal. Subir pedaleando era imposible y, empujar la bici, a  cada momento se convertía más en un infierno. Parabamos en cada oasis de sombra... Al poco rato nos quedamos apenas sin agua, lo que nos faltaba! Fue dificil disfrutar esta etapa. El mayor recuerdo es la sed, el sudor y el cansancio.
 Eso si, las vistas no tenian precio, un paisaje llenito de colinas mirases donde mirases y al fondo las vastas montañas nevadas del himalaya!. Un aguila sobrevoló nustras cabezas a pocos metros. Se podía peder la vista en el infinito paisaje de montaña.
  Desesperados por la sed y,a pesar del cuidado que tenemos siempre con el tema de las aguas contaminadas, ´´nos atrevimos´´ a beber del agua cristalina y helada que caía de la montaña,  nos dio la vida y fuerzas para continuar!
     El último tramo, hasta llegar a Mohoriya (nuestro destino final del segundo día, donde nos quedaríamos ya a pocos kilometros de nustro primer objetivo) fue todo cuesta abajo, en un camino empedrado y con la bici a pulso...
     Después de aquella subida, que satisfactoria fue la llegada... Cuanto mas dura la batalla, más dulce la victoria. A la entrada del pueblo, había una posada, regentada por una mujer gorda y risueña muy cariñosa. Parecía que nos estaban esperando. Nos dieron una habitacioncita en el tejado, humilde y preciosa, esta vez con un colchón cojonudo!


  
     Pasamos alli la tarde, descansamos, cayó una tormenta increible que vimos desde la terracilla chamizo que teníamos en la entrada del cuarto. Cenamos como reyes un thali nepali, con pollo al ajillo, cocinado en una cocina de leña. Y dormimos como ángeles.

Las tormentas aquí son de pelicula! los truenos son tan fuertes como bombas, los relampagos iluminan el cielo entero, las nubes parecían estar vivas, agua cae fortísimo y el cielo se tiñe de un colo azul increible!!

DÍA 3: Yo para ser feliz quiero un camión.
    
Estabamos muy cerca de nuestro primer destino: el area del Anapurna. El chasco llegó cuando nos dijeron que llegar hasta allí con la bici desde donde estábamos era imposible. El camino se podia hacer andando y en todo caso con la bici al hombro, así que cambiamos el rumbo. El nuevo plan era bajar a la ciudad más cercana y averiguar si era posible llegar por otro camino, quizás en bus y subiendo las bicis en el techo de éste.

 
Por el camino había muchisimas aldeas como esta... Podría salir Asterix por ahi en cualquier momento!!
     La bajada estaba siendo bastante divertida, dejandonos caer, aunque el traqueteo del camino rocoso también tenía lo suyo. A cada poco rato atravesabamos una aldea, paisajes de cuento!. Iba yo tan feliz con mi bici cuando de pronto... zas! pinchazo!. No me lo podía creer, ahora me tocaba bajar la montaña con la bici ´´a mano´´...  Después de un rato, nos cruzamos con una pequeña camioneta, en la que viajaban por lo menos 30 personas y alguna cabra!!. No había un hueco. Pues bien, fueron capaces de encajarnos a mi y a mi bici!!


    El camino hasta la ciudad más cercana lo hice subida en un lateral de la furgo, agarrada bien fuerte a la baca, donde iban sentados unos cuantos pasajeros más. Javi nos seguía dando pedales a toda velocidad.
     Llegamos a la ciudad y la bici llegó hecha un ocho... Habían ido sentados encima dos o tres personas:  llegó un pedal torcido y la cadena y platos en un estado lamentables. Aún así el apaño en el taller fue fácil, efectivo, rápido y barato! Podíamos continuar.
     El cambio de rumbo, la imposibilidad de llegar hasta nuestro objetivo, la rotura de la bici, etc... Nos hicieron pasar por un momento de ´´crisis´´ que derivó en un cambio radical de rumbo: nos vamos al sur. Próxima parada: Chitewan, un parque natural muy famoso del que hablan muy bien.  Esta muy lejos y con la bici tardaríamos días. Así que buscamos un autobús para llegar hasta allí.
    Al fínal en la busqueda de bus, terminamos encontrando un camión, que en media hora salía hacia nuetro destino. Por un precio bastante módico (5 euritos) estaba dispuesto a montarnos alli a nosotros y las bicis!. A nosotros nos venía de lujo; el bus es más caro y más lento, ya que hace mil paradas. Nos vamos, nueva aventura!

 
     En un camión de colores, lleno de estampillas de dioses hindús y chicas con poca ropa, viajamos durante 5 horas. Nustros compañeros camioneros eran tres y ninguno hablaba inglés. Ahí ibamos metidos los 5, pasando un calor de pelotas y sin cruzarnos a penas palabra. Pero estabamos tan agusto, en un sillón mullido,un espacio amplio con las piernas estiradas y viendo el paisaje desde lo alto de aquel camionako, como los reyes de la carretera.




Llegamos a una ciudad fea, pero a muy pocos kilometros de nuestro nuevo objetivo. Aquí pasaremos la noche. Nos toca probar nuestra primera cochambrera nepalí. Que nada tiene que envidiar a la de India!.A la suciedad y los olores se le añaden un calor soporífero y los mosquitos hambrientos. La noche se presenta golosa... 
          A pesar de este último detallito de la cochambrera, las cosas van ´´sobre ruedas´´. Los percances terminan siendo divertidas anécdotas; desde que empezamos hace tres días, la aventura con la bici está siendo un no parar de experiencias intenasas. Se puede decir que mañana empieza la segunda etapa de la  vuelta ciclista. Veremos lo que nos espera... A nosotros, lo que nos echen!!




Ceci.

21/3/2011 LA BALSA DE ACEITE

     Los próximos tres días nos aguardan sobre las aguas del rio Kali Gandaki. Ceci y yo, junto con otros tres tripulantes, seremos compañeros en los días de rafting. Ayer se hicieron las presentaciones. Un día antes de la partida, nos explican más o menos el recorrido y todo lo que podemos necesitar para el mismo.
            Hanna y Ross, ingleses y Sunny, Malayo ha decidido el destino que sean nuestros acompañantes.
            La partida es a las ocho de la mañana. Se nos han pegado un poco las sábanas y somos los últimos en aparecer. Cuando llegamos ya está todo listo para partir. En principio son unas dos horas en coche hasta llegar al punto de partida. Salimos con una furgoneta con todo lo necesario para pasar los tres días. Además de los cinco integrantes de la expedición, está el guía y otros tres chicos más que en principio, no sabemos muy bien que pintan allí.
            Llegamos a la ribera del río. La vaca de la furgoneta está llena de bártulos que, rapidamente, van organizando. Está claro que no es la primera vez que lo hacen. Como hormigas obreras y, de modo sistemático, preparan las barcas, los víveres y un pequeño almuerzo para que cojamos fuerzas antes de emprender la aventura.
            Finalmente parece que los otros acompañantes de la furgoneta, son parte de la expedición. En total somos nueve.           
            Tres horas después de la llegada al río, estamos listos para zarpar. Los ingleses, el malayo y nosotros, vamos en una lancha acompañados de krisna, nuestro guía.
Dos chavales jovenes nos senguirán con sendas canoas por el río y, un tercero, hará las veces de porteador de viveres, tiendas de campaña y demás enseres en otra barca de estructura metálica, supendida por dos grandes flotadores a los lados.
            Antes de empezar, krisna, nos da un cursillo acelerado sobre como debemos de remar y de movernos en función de las órdenes que nos vaya dando,  según las condiciones del río. La aventura se presume muy excitante y estamos deseosos de ponernos en marcha.
            La etapa comienza. Hoy serán unas tres horas de duración. Sabemos que la estación buena para hacer esta clase de actividad es justo después del monzón, entre los meses de octubre y noviembre pero aún así, nos habían indicado que, éste, era un rafting perfecto para lo que estábamos buscando: diversión y aventura.  
            Desde los primeros minutos percibimos un tufillo a timo. El agua no baja con mucha fuerza y, son nuestras palas las que tienen que impulsar el vehículos. Llegan los primeros rápidos. Son muy pequeños pero krisna se encarga de cogerlos de la peor manera posible para que den la sensación de peligro. Seguidamente, la frase que se convertiría en la mas repetida en ruta por nuestro guía: "all foward". O lo que es lo mismo. A remar como descosidos que si no, esto no se mueve ni pa´tras!.
            Las emociones fuertes del día de hoy están puestas en dos rápidos que van practicamente uno a continuación del otro. Se llaman Small brother y Big brother. Las emociones fuertes habrá que dejarlas para otro día porque hoy, debido al poco caudal del río, nos toca hacerlas a pie por la orilla mientras los guías, más experimentados, se encargan de sortear las piedras entre las aguas. A continuación, un poquito más de "all foward" para acabar la jornada.
            A la llegada al primer destino de hoy, estamos todos un poco "mosca" por lo que nos espera durante los próximos días. La noche de hoy la vamos a pasar en una playa de rio con unas vistas impresionantes. Aunque las horas de rafting han dejado mucho que desear, los chicos que trabajan en la expedición, se esmeran en hacernos la estancia lo más agradable posible. La verdad es que lo tienen todo muy bien preparado para que no falte de nada. Unos buenos termos de café, té y, hasta palomitas, nos preparan antes del banquete de la cena: sopa caliente, ensaladas, pasta...todo riquísimo. Aunque hemos venido a derrochar adrenalina, de momento, lo que estamos haciendo es vivir a cuerpo de rey y ponernos ciegos a comer.

La llegada al primer campamento.

            Las horas previas a dormir, las hemos pasado conociendonos todos un poco. Hanna y Ross (23 y 22 años) acaban de terminar su carrera y se han escapado un par de meses mientras deciden que será de sus vidas a la vuelta. Preferían no hablar de ello. Sunny(28 años), nacido en Malasia y residente en Singapur los últimos cinco años, ha venido a pasar sus últimos días de vacaciones antes de volver a su trabajo como informático. Se ponía malo solo de recordar que la semana que viene tenía que estar de nuevo dando el callo. Al día siguiente me enteré de que trabaja de de ocho de la mañana a una de la mañana y que duerme cuatro horas al día. Siempre ha sentido la presión familiar por crecer laboral y economicamente y, aunque algo dentro de él parece decirle "mandaló todo al garete y vive la vida que siempre quisiste vivir", el miedo por no arriesgar, como el decía, le mantiene atado a la vida que no quiere vivir.
El equipo A. Krishna al fondo.
      Para dormir nos tenían preparado una tiendecita de campaña para cada pareja y un rinconcito al lado de "los currantes" para Sunny. Es hora de descansar. Mañana será otro día donde han prometido momentos más intensos que los vividos hoy en el río.
           Nuestro gozo en un pozo. La nota predominante de la segunda sesión siguió siendo el temible "all foward"  Como el día anterior, desde el principio se vió que aquello no daba para mucho. El agua calma y, el pobre Krishna, buscando la manera de que la balsa volcase o sucediera algo emocionante. Para colmo, a dos horas de la llegada empezo a caer una tormenta del carajo y aquello parecía que iba más para atras que para alante. Cada vez que krishna repetía las palabras mágicas te daban ganas de estrangularle al pobre, que de nada tenía culpa. Entre palada y palada Ceci y yo nos mirábamos complicemente sabedores de que habíamos pinchado un poco con esta actividad. Aún así, el hecho de que la situación fuese a ratos tan grotesca, hizo que nos echaramos unas buenas risas con todo aquello.
La segunda noche, este hombre nos preparo esta pedazo de fogata
  Para la tercera etapa ya se nos avisó de que los "rápidos" se habían acabado. La que sería la jornada de "la balsa de aceite" acabó convirtiéndose, a mi gusto, en la mejor. Lejos ya de las espectativas por descender grandes corrientes pudimos probar cada uno de nosotros nuestra pericia en las piraguas. Al ser piraguas deportivas, mucho mas pequeñas y sensibles al movimiento, había que cogerle un poco el truquillo antes de poder guiarla donde quisieras. El paisaje era selvático, precioso. Todos, más o menos, acabamos cogiendoles el punto. El pobre Sunny, volcó y se asustó un poco al no poder salir de la piragua durante unos segundos.
           

Sunny, remolcado, de vuelta a la lancha.
      Finalmente, cuatro horitas de furgo y de vuelta a casa. 
     
      Volvemos a recuperar nuestra libertad.