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| De derecha a izquierda: Anita, su sobrina, su madre, Ceci, el primo y yo |
A los pocos kilómetros entramos en la reserva. Ante nosotros, una recta infinita atraviesa un bosque frondoso a ambos lados. Poco después llegamos a la bifurcación de nuestro siguiente destino: Sahuraha.Un pequeño pueblo situado en el centro-sur del pais, a tan solo unos pocos kilómetros de la frontera con India.
Del camino de asfalto pasamos a un empedrado arenososo. Si cambiásemos en la nueva estampa las bicicletas por caballos, la nueva estampa me recuerda a las imágenes que tengo del "far west". Para los que han visto regreso al futuro III, era como entrar en el poblado de Hill Valley.
Despues de siete kilómetros más, llegamos al nuevo punto de asentamiento por unos días. Un pequeño pueblo de bosque. A priori encantador, muy tranquilo y con espacios muy abiertos. Su situación como pueblo más cercano al parque natural, lo convierten descaradamente en un punto turístico y las numerosas guess houses y restaurantes, dan prueba de ello.
Hoy no llevamos muchas horas en la bici así que, decidimos investigar bien el pueblo antes de decantarnos por alguno de los alojamientos. Los precios son algo abultados (para nuestros nuevos bolsillos) y no damos bien con algo que nos "atrape". Al final, cansados de buscar nos quedamos con quien mejor nos ha atendido en nuestra búsqueda. Por hoy será suficiente: una habitación luminosa y un buen colchón.
Todo el turismo de la zona está encaminado a las distintas atracciones que te ofrecen en el parque natural. Paseos en elefante, en jeep, caminando o en canoa, para descubrir en el camino los rinocerontes, cocodrilos, elefantes y tigres, entre otros animales, que aquí, viven en libertad.
Ya que hemos llegado hasta aquí, que menos que echar un vistazo acerca de las actividades que el parque puede ofrecernos. Si bien es cierto que después de nuestro paso por "la balsa de aceite", nos hemos jurado tener mucho cuidado a la hora de escoger una actividad programada y preparada para el turista, después de hablar con un par de guías y, viendo que la actividad puede ser atractiva, nos decantamos por instalarnos aquí un par de días y hacer mañana la incursión por el parque en jeep: "que dios nos pille confesados".
Entre guía y guia, hemos dado con uno que, además de dedicarse a vender todo tipo de escursiones, trabaja para una guess house y es aquí donde trasladaremos nuestra residencia.
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| Nuestra segunda residencia en Chitewan |
Hoy se nos ha escapado la escursión por unos minutos. Esperaremos a mañana y esta tarde nos dedicaremos a nosotros, a descansar y reponer fuerzar. A la caida del sol, nos recomiendan ir a visitar el centro de elefantes donde, supuestamente, éstos, se relacionan.
A mitad de camino encontramos un buen sitio a orillas del rio donde decidimos hacer una parada para picotear algo. El descanso se convierte en un "tapeo" a la española con productos de la tierra regado con unas cervecitas. Una ligera "falsa euforia", nos lleva a comer algo más de lo necesario (eso más de lo necesario salió a las pocas horas por el mismo sitio que había entrado). Con las barrigas satisfechas nos fuimos a visitar el parque de los elefantes. Lo que se suponía que debía ser un patio de recreo era más bien una prisión. Todos atados de corto y sin más libertad que la distancia a la que las trompas les daban acceso a la comida. Una pena.
Esa noche, precedida de las habituales pesadillas de pesadez de estómago, tuve que devolver los momos(pequeñas empanadillas de pasta de arroz, rellenas de carne de búfalo, fritas y muy, muy grasientas) a su lugar de origen.
A la mañana siguiente el cambio de casa y, al poquito rato la escursión en jeep. Primero hay que cruzar en una estrecha canoa un pequeño riachuelo. Al otro lado nos esperan el coche y las ganas de descubrir animales selváticos en su habitat natural. La escursión será de cuatro horas. Nada más que decir que lo más interesante que vimos fue un rinoceronte, o eso al menos fue lo que nos dijeron porque igual podia haber sido un elefante o un canto rodado, por la distancia a la que se encontraba.
En fin que después de esta nueva experiencia organizada nos hemos prometido que dos y no más.
El día siguente lo pasamos descansando y cogiendo fuerzas ya que nos hemos propuesto llegar a nuestra siguiente escala (Lumbini) haciendo todo el recorrido en bici. Son casi doscientos kilómetros y estamos abiertos a todas las posiblilidades pero, en principio, estamos mentalizados a realizar el trayecto en su totalidad pedaleando.
A la mañana siguiente despertamos prontito. A las siete de la mañana ya estamos en marcha. Los primeros catorce kilómetros son de retroceso, ya que para coger la carretera principal tenemos que volver a nuestra segunda cochambrera. El terreno es llano, la carretera es buena. Las pilas cargadas a tope y nosotros, llenos de moral. Los kilómetros pasan a penas sin darnos cuenta. La vista es muy agradable. Vamos dejando atras pequeños poblados cuyo encanto radica en la sencillez y la tradición.
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| Un puestecillo de carretera donde descansamos unos minutos |

Casi sin querer hemos superado el mejor de los pronósticos para el día de hoy. Han transcurrido cincuenta kilómetros y aún nos quedan fuerzas para seguir pedaleando un rato más. Primero, reponemos fuerzas con un señor thali (el plato típico tanto de India como de Nepal a base de arroz, lentejas y dos o tres tipos de verduras. Todo ello bien picantito). Un rato de reposo para bajar la comidia y, continuamos. A quince kilómetros decidimos hacer el asentamiento de hoy. El último tramo es el más duro. Son solo pequeñas colinas pero después de más de cinco horas en la bici comienza a notarse el esfuerzo. Por fin, llegamos al pueblo. No tiene mucho que ofrecernos. A primera vista parece un pueblo-ciudad sucio y feo. No estamos para hacer ascos pues toca descansar, aunque decidimos que hoy puede ser un buen día para darnos un "lujo" y nos ponemos a buscar un alojamiento correspondiente a nuestros deseos. Todos los dedos señalan una dirección. No hay más que un hotel. Desde fuera huele a cochambrera por las cuatro paredes. Ceci hace las veces de tasador y vuelve con los peores pronósticos.Mal oliente, sucia y cara. Si quereis otra cosa, nos dicen, teneís que avanzar otros siete kilómetros. Estamos cansados pero hoy nos "toca" un buen colchón asi que nos subimos de nuevo a las bicicletas. Con casi setenta kilómetros a las espaldas un pequeño puerto se nos cruza en el camino a las afueras del pueblo. Es mejor no pensarlo ya que es la única ruta.Paramos unos segundos ya que la bici de Ceci va un poco frenada y hay que repararla. A la izquierda, un poblado de cuatro casas de paja, nos hace soñar con lo estupendo que sería pasar aquí la noche. A mitad de camino entre la desesperación y el cachondeo se me ocurre gritar a los cuatro vientos. "Alguien nos mete en su casa?!?!? Pagamos doscientas rupias!!!!(unos dos euros). Unos pocos curiosos salen a divertirse con el loco de la carretera. Al menos prestan atención. Ahora ya estan fuera de sus casas, asi que, vuelvo a repetir la operación. A los pocos segundos una niña sale gritando colina arriba "In my house!!!!, in my house!!!!. No nos lo podíamos creer. Había dado resultado. Anita, la que a la postre sería bautizada como "la niña fan", junto con su familia, nos acogieron con los brazos abiertos.
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| La madre de Anita separando las semillas de la paja para hacer aceite. La caseta de la derecha es la cocina. |
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| Ceci tomando un té de bienvenida. A la izquierda, el baño. |
Antes de dormir tuvimos suerte de vivir un momento mágico, de cuento de hadas. Salimos a fumar un cigarro. La noche estaba oscura y, de repente cientos de luciérnagas nadando en el aire. Bellísima estampa. Me resulta dificil contarla con palabras.
Finalmente, nos dejan escaparnos a descansar. El día a sido muy intenso y mañana puede ser más de lo mismo. Rendidos y encantados nos vamos a dormir.






¿ahora vais en bici? ¡qué deportistas! me está gustando mucho cómo contáis ...
ResponderEliminarEnBesos,
María