Viviendo un pedacito del continente asiático.

7/4/2011 UNA MORENA Y UNA RUBIA

     Nepal se nos acaba. han sido cuatro semanas muy, muy intensas.
     Parece que fue ayer cuando nos dejamos engañar por un cazatalentos para que nos trassladase unos cientos de metros más abajo el día de nuestra llegada al pais.Cuando saboreamos nuestra primera hamburguesa con el deleite propio de las mejores mariscadas. Han pasado treinta días desde que observasemos las calles de esta ciudad con mirada crítica y desconfiada viniendo del encantamiento de India.
      Nos habíamos propuesto que fuera el pais del deporte y, relamente lo ha sido. Montaña, rio, bosque. A pie, en bicicleta, en bus, en camión, en camioneta.. La verdad es que no hemos parado.
    Los últimos días los hemos pasado entre  Pokhara y Kathmandú. Las dos ciudades más importantes del país. A mi me han pillado con el estómago revuelto y con una descomposición que parece que me llevaré a Bangkok.
    Últimas compritas y un nuevo envio en Katmandú aprovechando también para quitarnos algo de peso que hemos ido acumulando durante todo este tiempo,.
    Sin duda alguna lo mejor de estos últimos días ha sido el descubrimiento de una nueva persona en nuestro viaje: Manuel. Compañero de Guess house en Pokhara. Le conocimos un día antes de empezar la ruta en bici y, aunque hubo tiempo para cruzar unas palabras, ha sido ahora, a la vuelta, cuando hemos podido conocernos un poco mejor. Tiene sesenta y un años, original de Madrid. Vive a caballo entre Cadiz y la capital. Lleva, como nosotros, unos cuantos meses viajando entre India y Nepal. El hombre, tiene algún problema de salud que le hace tener cuidado con su alimentación y hábitos de vida aunque, desde luego, eso no evita que sea un aventurero de los pies a la cabeza. Cariñoso, inteligente, interesante y "rojo" hasta la medula. Si le dejas, te puede estar contando la historia de España desde los reyes católicos. Parece tener memoria de elefante. Devorador de libros. Es una maravilla poder escuchar a alguien que sabe tanto de tantas cosas y contadas con esa humildad y emoción. Ha sido un placer que se encontrara en nuestro camino. Que alegría me da encontrar gente así. Es donde los viajes cobran sentido.Seguro, nos reencontraremos en España.
     Después de los últimos días por Pokhara nos fuimos a Katmandú a pasar las tres últimas noches de nuestro paso por Nepal. Una ciudad que huele a historia y de la que sin embargo apenas descubrimos unas callejuelas por el centro. Era poco tiempo y mi estado de salud no era el mejor. Nos vino bien el descanso y los paseos por el barrio para coger fuerzas en vistas a los próximos días y la caña que suponen los traslados de un pais a otro.
    Veníamos enamorados de India. Casi como la sensación del primer amor de verano del que estás convencido de que, jamás volverás a encontrar a nadie igual. Nepal, como segunda novia, tenía un handicap elevado. Siempre en búsqueda de la comparación con todo aquello que nos había maravillado de la India.

Los templos de Lumbini
Crece la hierbabuena por todo Chitewan
Los dueños del hotel hacían las veces de carniceros...

Nuestro primer techo-bus

En este nos pegamos cinco horas encima: cogimos un tono.
El equipo del rafting. El día que comenzamos el rafting coincidió con la fiesta de el holi: una fiesta popular en Nepal e India, en la que niños y mayores juegan a tirarse pintura con cubos, pistolitas y globos. No nos libramos...

El campamento base de Pokhara.
Los puentes colgantes.

Paso Carrabille 2: mucho más asequible.

Una cueva plagadita de murcielagos.


La bautizamos con el nombre de Turis. Apenas hablaba pero cuando su padre llegó a casa (el casero) salio corriendo en su busqueda y grito feliz: papa turissss!!! como si la acabasen de regalar una bolsa gigante de caramelos.

Bien agarraito a mamá.
Buenas migas.
Trabajar el campo

Casas de arcilla

 

  





  

     Al final, hemos caido rendidos a sus encantos. Sus pueblos, sus paisajes, sus montañas, sus gentes. En India siempre quisimos entremezclarnos con "ellos" y, al final, siempre acabamos en los "guettos" españoles. Aquí, casi sin darnos cuenta hemos convividos con los lugareños siendo testigos de su generosidad. Ha sido más corto, también más intenso. Si tengo que elegir novia, me quedo con las dos.
















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