Tras un camino insoportable, sobre una malisima carretera, con cientos de curvas y, un conductor ´´loco´´ que se picaba constantemente con los demás coches, llegamos sanos y salvos a Vang Vieng.
Lo que hace famosa esta ciudad, es el tubing: un descenso en flotador (una cámara de rueda de camión) por un tramo del Meckong. En las orillas hay numerosos bares donde parar a beber. Dicen que los guiris se pillan allí unas melopeas de escandalo y descienden el rio sin control. Además el centro de la ciudad esta repleto de bares con buenas ofertas en bebidas alcoholicas e incontables guest houses.
Llegamos aqui con intención de estar tansólo un par de días ya que nos habian dicho que los alrededres de la ciudad merecian la pena. Que habia cuevas y cataratas que visitar, y que dos dias eran más que suficientes. Al final, nosotros en nuestra linea de improvisación, terminamos pasando alli seis dias con sus respectivas noches.
Cierto es que el hambiente super guiri de la ciudad no es muy ´´atractivo´´. Hay muchisimos bares, todos con las mesas bajas y colchoncitos donde tirarte durante horas, todas las mesas orientadas en una misma dirección: hacia una televisión gigante con el volumen a todo meter donde a todas horas ponen capitulos de ´´Friends´´ y donde la gente pasa las horas embobada mirando la tele, pasando la resaca del dia anterior y quizás, haciendo tiempo para comenzar una nueva noche de desenfreno.
Encontrar casa en Vang Vieng fue ya de por si toda una aventura. Al principio estuvimos en diferentes casas en el centro del pueblo, la primera la dejamos simplemente porque nos pareció encontrar otra mejor; esta segunda era una habitación en una guess house muy céntrica, con un buen restaurante, internet y a muy buen precio.
En esta segunda casa pasamos tan sólo una noche. Llegó la hora de dormir y el colchón empezó a ser invadido por unos pequeñísimos seres que nos machacaron a picaduras... De nada sirvió sacudir las sabanas, ellos se agarraban ferozmente a las fibras de ésta. Eran los famosos bedbugs, chinches, para ser más claros. A media noche pedimos al casero que nos cambiase de habitación enseñandole las picaduras. Nos cambió y durante algunas horas pudimos dormir tranquilamente, pero de pronto a eso de las seis de la mañana nos despertó repentinamnte un enorme estruendo, se había caido parte del techo de la habitación a nuestros pies... En fin, por la mañana no tardamos ni dos minutos en recoger nuestras cosas y salir de alli escopeteados en busca de una nueva morada.
La tercera noche la pasamos en una habitación sin nigun encanto, pero con televisión e internet, lo que permitió a Javi ver el partido de Champions Madrid Barsa y donde ni chinches ni derrumbamientos estropearon la noche, a excepción del fatal resultado del partido.
Al final lo que descubre uno alli donde va, es que casi en cualquier sitio puedes encontrar tu lugar. Y nosotros, después de dar tantas vueltas encontramos el nuestro, allí entre el bullicio guiri, encontramos una casita alejada de todo, al otro lado del rio. En una inmensa pradera protegida por unas impresionantes montañas, y a la orilla del rio, alquilamos un precioso bungalow en ´´The other side bungalows´´. LLegamos hasta aquí, porque nos enconramos con Emi, la chica Belga que viajó con nosortos de Luam namtha a Luam prabang. Ella vivía alli y nos invitó a una hoguerita nocturna el dia que llegamos.
Los dias en Vang bieng volaron... A pesar de aquel mal ambiente del que tanto nos habían hablado, y que era cierto que existía... A nosotros nos atrapó un paisaje impresionante, la ciudad rodeada de montañas y aquella casita de campo; las noches al calor de la hoguera y por el día excursiones en moto perdiéndonos por los caminos en busca de cuevas y cascadas, que aunque luego resultaban no ser muy espectaculares, el camino hasta ellas rebosaba encanto.
He de reconocer que esta ciudad también fue la propicia para darnos alguna fiestecita, que después de meses sin beber ni salir dejaban grandes secuelas al dia siguiente... El alcohol en estos paises es como fuego, y un delicioso mojito al dia siguiente se convierte en una terrible resaca!! en fin, sin comentarios...
Conocimos gente que mereció la pena y que no tenia nada que ver con aquellos guiris borrachos de los que todo el mundo hablaba pòr Laos. El reencuentro con los belgas, que aunque estaban un poco más bebidos de lo normal desde que se levantaban hasta que se acostaban, eran un grupito muy divertido con los que nos echabamos muchas risas por las noches. Dos argentinos encantadores: Nacho y Martín que viajaban por el país en busca del calor tropical, huyendo del frio de la nieve ya que trabajaban haciendo temporadas de invierno tanto en España como Argentina como monitores de Esquí.
Además cada día llegaba gente nueva: ingleses, alemanes, chilenos, brasileños, y españoles pasaron por la hogera.
En las incursiones diarias al centro de la ciudad nos mezclabamos con aquellos que bautizamos como los ´´entubados´´. El perfil de éstos estaba clarmente marcado: Jovenes de pelo rubio y tez blanquisima con una ligera tonalidad rojiza producida por el exceso de sol, bañador de colores casi fosforitos, cuerpo pintado con espray (corazones, estrellitas, palabras, todo tipo de dibujitos) bolsa estanca de 3 litros y bolsito-cartera de plástico transparente colgado del cuello. Además gafas de sol con montura de colores y en muchos casos camiseta de tirantes con el logo del tubbing. Habia ejemplares de este perfil a montones que aparecían a eso de las 5 ó 6 de la tarde bien cociditos del tubbing.
Y al final, un dia antes de irnos decidimos hacer el famoso tubbing y juzgarlo con nuestros propios ojos. La actividad que hace famoso este pueblo y que muchos viajeros ponen verde, nos resultó verdaderamente dievertida. Agarramos nuestros flotadores y nos tiramos rio abajo. No había a penas gente, cosa que no logramos entender: dónde estaban todos los entubados que habíamos visto cada dia por el pueblo? El caso es que lo hicimos casi solos , nos cruzamos con poco mas de 15 personas.
El rollo consiste en dejarse llevar por el río y disfrutar de un paisaje ´´acojonante´´ con perdón de la expersión. De vez en cuando nos dejabamos pescar por los camareros de los bares, que lanzaban cuerdas larguísimas a las que agarrarse para llegar hasta la orilla y tomar una beerlao fresquita en la terraza de un bar. Además en casi todos estos garitos habia toboganes gigantes y tirolinas que te lanzaban de nuevo al agua para seguir el camino. Los lanzamientos eran verdaderas descargas de adrenalina!!
Nos cayeron un par de tormentas fortísimas, una de ellas cobijados bajo el chamizo de un bar, la otra en plena bajada del río; una imagen espectacular, la lluvia callendo a cantaros, con muchisima fuerza sobre el agua del rio y sobre nosotros, las nubes grises casi negras cubriendo el cielo... Fue precioso, aunque después necesitamos secarnos al calor de la hoguera que nos prepararon en uno de los chiringos, estabamos helados!!!
Decían que era temporada baja y que eso calmaba un poco el lugar. En temporada alta dicen que esta masificadisimo, que el descenso lo hacen cientos de personas, todos borrachos y, que hay muchas veces serios accidentes...
Vang Vieng ha sido para nosotros una de las más divertidas estancias en Laos, un lugar que todo el mundo critica pero que paradojicamente casi nadie deja de visitar. Nosotros como he dicho, encontramos nuestro sitio aquí y disfrutamos de una semana tranquila y muy divertida. Juzgamos nosotros mismos el sitio, viendo que por lo menos ahora, en el mes de Abril, no es tan fiero el leon como lo pintan y que es uno de los lugares más bonitos que hemos visitado en el pais, por sus paisajes y sus alrededores. Además de divertido.
A cualquier lugar se le puede sacar jugo y los grandes momentos llegan cuando y donde menos lo esperas.
Ceci