Viviendo un pedacito del continente asiático.

04/06/2011 GO AND BACK


         Llegamos a Sumatra (Indonesia) en busca de relax y playas paradisiacas. Aterrizamos en una gran ciudad: Medan. Al principio parecía que habiamos vuelto a India ya que nada mas bajar del avión vinieron a por nosotros un monton de ´´cazatalentos´´ y pasamos la primera noche en una cochambrera de cuidado. Aunque sin demasiada pobreza ni suciedad, la ciudad estaba envuelta por un ´´no sé qué´´ que nos recordaba a nuestra tan querida India...

El primero de los muchos cazatalentos indonesos... eso sí, un tio muy  muy salao!
      A pesar de una noche de perros durmiendo en una habitación zulo y de alguna situación incómoda perseguidos por cazatalentos, confiabamos en Sumatra. Es una isla grande, tropical y con muchisimo para ver; hablan de un volcan, de selva y orangutanes, de lagos, de playas y pequeñas islas... Pero aún así nosotros ya estabamos cansados de patear paises, solo buscábamos un lugar con mar y encanto donde pasar las últimas semanas. Mucha gente nos había recomendado Pulau weh, una pequeña isla  del norte. Así que haciendo caso a nuestra fiel guía  del boca a boca, nos fuimos directos para allá.
Viajamos en avión hasta el norte de la isla... Pulau Weh desde las alturas...


   . La isla era preciosa, salvaje, las aguas cristalinas... Después de dar algunos tumbos de casa en casa, encontramos un precioso bungalow casi encima del mar, dormíamos escuchando las olas y dede una ventanita enfrente de la cama, abriendo un poquito el ojo a eso de las seis, veiamos el amanecer...








La casera: Norma, era encantadora; la gente alli era encantadora. Ese rumor que corre sobre los asiáticos, de que son sonrientes y tranquilos, aquí se cumple con creces. Nos sorprendía su manera de reirse constantemente a carcajadas casi hasta llorar! su cercanía, su calma...
La mama: Nuestra cocinera favorita, qué pesacdito en salsa nos preparaba!!!
en pulau weh, profesionales del ajedrez..












todo tipo de especies...
     Apesar de todo esto, no terminamos núnca de sentirnos plenos alli. Era un lugar poco turístico y además era temporada baja; la zona en la que vivíamos estaba desolada, llena de casas vacías y, los restaurantes y playas solitarios, demasiado solitarios. .
     Nos fuimos adaptando poco a poco a aquella soledad en el paraiso y disfrutamos de la tranquilidad y la belleza del lugar. Pero desde el principio sabíamos que no aguantariamos un mes y cada día hacíamos nuevas conjeturas sobre nuestro futuro: cuándo y dónde irnos.  Este paraiso no nos atrapó. Y la excesiva tranquilidad y soledad nos empezaban a hacer enloquecer! A los diez dias las nubes y la lluvia casi incesantes, nos echaron definitivamente de allí...
     Las posibilidades que teníamos eran muy amplias, el sudeste asiático a nuestros pies y aún 15 días de viaje (las vacaciones que muchos tienen en un año) por delante... Pero el monzón estaba llegando y el temporal no acompañaba casi en ningun destino de los que nos proponíamos.
      Nuestra necesidad era de asentamiento, playa, sol y algo de diversión. Así que después de muchas vueltas, volvimos al lugar del que veníamos: Koh tao. Allí teníamos nuestro guetto, mar y sol, todo lo que neesitabamos.
    Regresar a Tailandia nos ha costado tres dias de viaje, dos autobuses, un avión y dos barcos, además de no sé cuántos taxis... Pero el largo viaje de vuelta ha merecido la pena. Creo que es el primer paso ´´atrás´´ que damos en el viaje, hasta ahora todo había sido avanzar en el camino... Ha sido bonito ´´volver´´, llegar a un sitio que ya conocíamos, reencontrarme con gente, los abrazos, movernos como pez en el agua por las calles del barrio.. . Ha sido como ´´volver a casa´´.
      Aquí en Koh tao todo sigue igual... los desayunos eternos en la terrraza del tropicana, los dias de playa y sol con algún chaparrón tropical, las cervecitas nocturnas en el ´´next door´´.. Y como no, la gente. Los que se van, los que se quedan y los que lllegan.
     Estamos disfrutando cada día de las personas, de la playa, del buen tiempo... Pero queda tan tan poquito para regresar a Madrid, que a veces es dificil vivir el presente al cien por cien, y tenemos la cabeza más alli que aquí. Comienza la cuenta atrás!


CECI








18/5/11 SPANISH GUETTO


Parte del equipo Kotado en la zona común.
      Ya desde el primer día por esta isla intuimos que cabía la posibilidad de quedar atrapados.
     Después de varios meses saltando de un punto a otro del mapa empiezas a sentir la necesidad de la dulce rutina. La comodidad y el divertimento de encontrar un generoso grupo de personas  te lo pone en bandeja.
     Una vez más quedamos enganchados al "spanish guetto". No somos los primeros, seguramente no seamos los últimos. Muchos de los aquí presentes vinieron a pasar unos días y han pasado meses desde que dejaron de pensar cuando cambiar de opinión.
     He tenido la suerte de que el día de mi cumpleaños cayese por estas fechas. La fiesta y el cachondeo estaban garantizadas. Además la fecha coincide con otras dos personas que nacieron el mismo día que yo. Entre ellos el dueño del chiringuito que hace las veces de centro social y zona común en el barrio.



     La fiesta mereció la pena, sus personajes mucho más. Al final de nuestro paso por la isla nos ha faltado el canto de un duro para dar marcha atrás en nuestro itinerario y quedarnos a terminar el viaje por estos lares. Finalmente tener un par de billetes cogidos con antelación y el hecho de que el siguiente destino sea Sumatra nos han empujado a seguir el camino estipulado por esta vez.
     Las playas de esta isla son chulas (es cierto que quien conoce las Baleares es dificil que se impresione con aguas y estampas playeras) pero claramente lo que ha estado a punto de frenarnos han sido sus gentes: Berta siempre sonriente y alegre: la camarera más sexi del barrio. Sebas y Juan los instructores de buceo y don Juanes de la isla, el "capo" Brujo, un personaje digno de conocer: de humor serio e ideas claras...entrañable hijo de puta. Toni, alegre, fiestero y con un corazón tan grande que sus esfuerzos por esconderlo han sido en vano. "La Vane", catalana de sangre andaluza. Que ojos, que sonrisa, que gracia. Deseo que muy pronto tú también te descubras. Irina, naciste como una vecina y de aquí me llevo tu amistad. Jotas, Sumer, Panchito, Estefaní, Johan, Pong...ha sido un gusto!
     Estos son algunas de las piezas del engranaje del barrio sureño de esta pequeña isla.   
     Mañana nos vamos pero algo nos dice que, tal vez, algún día regresemos.

Nuestro lugar de reposo.


Los desayunos de risas y chascarrillos.










































































































































12/ 05/ 2011 Debajo del mar...

 

      Volvimos a Tailandia, cruzamos la frontera y, después de horas y horas de autobús, llegamos a Bangkok a altas horas de la madrugada. Estabamos totalmente desorientados en una estación perdida de la gran capital tailandesa, cuando un chico se ofreció a ayudarnos. Se llamaba Guy. Y aunque habría sido suficiente que nos diese la información necesaria, él prefirió acompañarnos desinteresadamente hasta el centro de la ciudad.
    Quedaban muchas horas hasta la salida de nuestro próximo tren así que decidimos aprovechar el dia en Bangkok y nos fuimos a conocer el famoso ´´weekend market´´. Un mercado inmenso, laberíntico, en el que te puedes perder durante horas y aun así no haberlo visto al completo...
    Esa misma tarde salíamos rumbo a Chumpón, un pueblo ya a tan solo una horita o dos de la isla a la que queremos llegar: Koh Tao. Llevabamos muchisimas horas de viaje, y aunque el camino continuaba lo haríamos en un tren cama, donde al menos podríamos viajar descansando...Antes de coger el tren, nos dimos una duchita en los baños públicos de la estación; nos fuimos a la cama  ya  limpitos y cenados.
    Bien temprano llegamos a Koh tao. Después de tanto bus, tren y barco, estabamos en nuestro nuevo destino.  Antes de venir ya habiamos contactado con Brujo, un chico de España del que bastante gente nos habia hablado durante el viaje; tiene una escuela de buceo en la isla, llamada ihasia y se imparten los cursos en español. Así que vinimos dispuestísimos a hacernos el cursito con ellos. El mundo submarino, un mundo nuevo y desconocido para nosotros en el que en pocos dias nos sumergiríamos.     
     En el puerto nos esperaba Juan, el que sería nuestro profe de buceo. Nos contó en lo que consisitiría el curso de Open water: el primer nivel de buceo recreativo... Los dos teníamos una enorme curiosidad e ilusión por empezar. 
     Además nos habló un poquito del ´´spanish guetto´´ que se movia por alli y de lo dificil que se les hace a algunos salir de la isla. La buena vida, rodeados de buenas playas, la adicción al buceo de muchos y el buen rollo con la gente, hace que muchos se queden aquí atrapados.

Un buen sitio para quedarse atrapado... no?
       Fuimos a desayunar al primer barecito que pillamos y allí, conocimos casualmente a las primeras atrapadas en Koh tao: Vanessa y Berta, dos chicas de Barcelona que llegaron aqui para tres dias y llevan ya casi un mes.  Han perdido  a conciencia su billete de vuelta a España, se han alquilado una casita en el barrio de la escuela y aunque no bucean como la mayoria de la gente aqui, están atrapadas indefinidamente por la gente y la buena vida isleña.
     Por la noche fuimos al ´´Next door´´ un chiringuito que hay justo enfrente de la ecuela, donde por las noches suele haber ambientillo. Esa primera noche conocimos a algunos: Irina, Sebas, Jhon... Y por supuesto andaban por alli también Juan,Vanessa y Berta. La verdad es que la primera impresión que nos llevamos de la gente y del lugar y la escuela de buceo fue buenisima, había merecido la pena el larguiiisimo camino para llegar hasta alli.

(de izq. a decha) BERTA, IRINA Y VANESA... en el ´´next door´´
       Empezamos el curso bien temprano al dia siguiente, unas horitas de teoria y ponernos los dientes un poquito más largos. El segundo dia fue nuestra primera inmersión. Después de dos dias escuchando hablar de buceo a casi todo el mundo y con la incertidumbre de cómo sería aquello, nos invadía la impaciencia.
     Ibamos con Juan a la cabeza de la ´´misión´´ y con Sebas y Toni (otro chico del guetto) de ´´escoltas´´.Subimos al barco, montamos y nos pusimos nuestros equipos, tal como nos habian enseñado en clase. Al poco rato nos tiramos al agua por primera vez con todo aquel armatoste que hay que ponerse para convertirse de alguna manera en pez: Un pesado ´´pulmón´´ de aluminio cargado a la espalda, una ´´nueva piel´´ el neopreno,  pies gigantes para movernos con soltura en la densidad del agua... Con aquel aparatoso equipo nos lanzamos al agua y muy torpemente, como pudimos, llegamos hasta la orilla, donde hicimos algunos ejercicios.
El barco de buceo... de camino a las profundidades!!
        Los primeros ratos bajo el agua son extraños: el agua salada escuece en la nariz, mantener el control del cuerpo es casi imposible y a pesar de tener lo necesario para respirar alli debajo, uno tiende a aguantar la respiración... En fin, una locura que puede ser divertida o agoviante depende de quien la viva. Javi no disfrutó de aquel primer rato en el agua; después de intentar adaptarse al mundo acuático se declaró rotundamente ´´animal terrestre´´ y decidió que su curso habia terminado. Yo por mi parte me senti torpe, pero también cómoda alli debajo, flotando, experimentando una sensación de ingravedad y adaptandome a ese nuevo medio.
     El curso duró cuatro días. Poco a poco controlé mi cuerpo bajo el agua, que a menudo tendía a subir o bajar descontroladmente. Entonces empezó el verdadero disfrute de los ´´paseos submarinos´´. No hizo demasiado buen tiempo y la visibilidad esos dias decían que no era tan  buena como de costumbre... A pesar de eso, para mi, nadar entre peces y corales como una más, fue una gran experiencia. Los bancos de peces parecían danzar en grupo coreografías ensayadas a la perfección, peces grandes, peces diminutos, los enormes corales, las estrellas de mar, los colores... Un mundo asombrante!  y hasta las burbujas de aire que soltaban mis compañeros al respirar alli abajo, me embelesaban con su apariencia de mercurio flotante.
      Al que todavia no hemos conocido es a Brujo, ´´el culpable´´ de todo esto, dicen que estos días está en casa, perdido en las profundidades de la isla porque tiene una rodilla mal y no puede bajar. Todos los días vamos al centro de buceo con la duda de si le veremos... Es tan misterioso para nosotros como lo son para los buceadores el tiburon ballena o las tortugas... Después de cuatro días por aquí sin conocerle, empiezo a sospechar si este tal brujo no será un mito!!
       Cada día que pasamos aquí y el encuentro con la gente, hace que nos sintamos cada vez más cómodos, como en casa. Irina, Berta, Vanesa, Juan, Sebas, Toni,  Estefany, Jotas, Pancho, Beltran, Nacho, Ana, Sara, Sumer...Un día comida en casa de Juan, otro día lo echamos en la playa con las chicas, casi cada noche nos reunimos unos cuantos a cenar... Ayer celebramos el cumpleaños de Vane por todo lo alto! En fín, entiendo que sea un lugar del que la gente no puede salir... Es una isla turística, sin a penas presonalidad tailandesa como tal, pero con buenas playas; para los que les gusta hay muchas posibilidades de buceo y, sobretodo, el mundillo que se ha generado alrededor de esta escuela, hace que uno haga un parón en un viaje tan  largo para sentirse entre colegas, en el barrio, compartiendo los placeres sencillos del dia a dia.

FELICIDADEEEEES!!!!!!!
....pide un deseo..
Por favor... unas palabras...
Javi, Juan, Toni, Nacho y Pepe.



Ceci.






6/5/2011 BYE LAOS

     Antes de finalizar nuestro paso por Laos, nos queda una última parada en lo que es considerado el lugar más relajante de todo el pais: las cuatro mil islas. Éste llamativo nombre se debe a que, durante la estacíon seca la bajada del río deja al descubiertos centenares de peñones, islotes y dos islas que permanecen habitadas todo el año. Todo esto se produce en al sur del pais en un ensanchamiento del rio que alcanza los catorce kilómetros.
Entre autobús y autobús nos encontramos con "suculentas" brochetas de grillos.



     Al llegar, encontramos una cabañita de bambú  a pie de rio. Muy básica pero con una pequeña terraza y dos hamacas donde disfrutar de las puestas de sol que aquí, lejos de toda contaminación son espectaculares.
    Como ya nos ha ocurrido en varias ocasiones en este viaje hemos tenido algunos encuentros en la isla: a nuestra llegada nos topamos con Juana y Jonas, recien llegados como nosotros y con Laxmi, que lleva unos días asentada por aquí. Los reencuentros son la parte buena de una ruta mochilera tan marcada, donde todo el mundo pasa por los mismos lugares a veces produciéndose,  viajes casi paralelos.
    Los días en cuatro mil islas han sido realmente relajados. No hemos realmente conscientes de ello hasta nuestra salida cuando nos dábamos cuenta de estado casi adormilado en el que abandonabaos el país.
    Mucha hamaca, mucha puesta de sol, buenos alimentos, alguna excursión por el río en grandes neúmaticos y una visita a la isla vecina en busca de unas hermosas cataratas, son el resumen de nuestro paso por cuatro mil islas: sencillo pero muy agradable.
Un poquito más de "tubing".



Un chapuzón entre cascadas.
     

El arte de las canicas corría a cargo de los niños.
     Son casi estos dos atributos los que podrían definir nuestro paso por Laos. Una travesía sencilla, sin grandes dificultades ni emociones fuertes. También agradable con bellísimos paisajes, asentamientos muy cómodos y una inmejorable compañía.
    Lo cierto es que nos hemos dejado arrastrar por la corriente turística yendo de un punto a otro de los lugares marcados por la famosa "lonely planet" (guia para mochileros).
    Después de la caña que nos habíamos metido en India y Nepal nos hemos dejado llevar por la comodidad y las facilidades que este país te puede ofrecer pero salimos tambien con la sospecha de que el auténtico Laos rodea todos estos puntos que facilitan tanto la vida al turista, pero que no permiten mezclarte con la cultura local y conocer la tan famosa felicidad del pueblo laosiano.

25/04/2011 NÚNCA ES TAN FIERO EL LEON COMO LO PINTAN...

      
       Tras un camino insoportable, sobre una malisima carretera, con cientos de curvas y, un conductor ´´loco´´ que se picaba constantemente con los demás coches, llegamos sanos y salvos  a Vang Vieng.
       Lo que hace famosa esta ciudad, es el tubing: un descenso en flotador (una cámara de rueda de camión) por un tramo del Meckong. En las orillas hay numerosos bares donde parar a beber. Dicen que los guiris se pillan allí unas melopeas de escandalo y descienden el rio sin control. Además el centro de la ciudad esta repleto de bares con buenas ofertas en bebidas alcoholicas e  incontables guest houses.
        Llegamos aqui con intención de estar tansólo  un par de días ya que nos habian dicho que los alrededres de la ciudad merecian la pena. Que habia cuevas y cataratas que visitar, y que dos dias eran más que suficientes. Al final, nosotros en nuestra linea de improvisación, terminamos pasando alli seis dias con sus respectivas noches.
     Cierto es que el hambiente super guiri de la ciudad no es muy ´´atractivo´´. Hay muchisimos bares, todos con las mesas bajas y colchoncitos donde tirarte durante horas, todas las mesas orientadas en una misma dirección: hacia una televisión gigante con el volumen a todo meter donde a todas horas ponen capitulos de ´´Friends´´ y donde la gente pasa las horas embobada mirando la tele, pasando la resaca del dia anterior y quizás, haciendo tiempo para comenzar una nueva noche de desenfreno.
       Encontrar casa en Vang Vieng  fue ya de por si toda una aventura. Al principio estuvimos en diferentes casas en el centro del pueblo, la primera la dejamos simplemente porque nos pareció encontrar otra mejor; esta segunda era una habitación en una guess house muy céntrica, con un buen restaurante, internet y a muy buen precio.
      En esta segunda casa pasamos tan sólo una noche. Llegó la hora de dormir y el colchón empezó a ser invadido por unos pequeñísimos seres que nos machacaron a picaduras... De nada sirvió sacudir las sabanas, ellos se agarraban ferozmente a las fibras de ésta. Eran los famosos bedbugs, chinches, para ser más claros.    A media noche pedimos al casero que nos cambiase de habitación enseñandole las picaduras. Nos cambió  y durante algunas horas pudimos dormir tranquilamente, pero de pronto a eso de las seis de la mañana nos despertó repentinamnte un enorme estruendo, se había caido parte del techo de la habitación a nuestros pies... En fin, por la mañana no tardamos ni dos minutos en recoger nuestras cosas y salir de alli escopeteados en busca de una nueva morada.
     La tercera noche la pasamos en una habitación sin nigun encanto, pero con televisión e internet, lo que permitió a Javi ver el partido de Champions Madrid Barsa y donde ni chinches ni derrumbamientos estropearon la noche, a excepción del fatal resultado del partido.
     Al final lo que descubre uno alli donde va, es que casi en cualquier sitio puedes encontrar tu lugar. Y nosotros, después de dar tantas vueltas encontramos el nuestro, allí entre el bullicio guiri, encontramos una casita alejada de todo, al otro lado del rio. En una inmensa pradera protegida por unas impresionantes montañas, y a la orilla del rio, alquilamos un precioso bungalow en ´´The other side bungalows´´. LLegamos hasta aquí, porque nos enconramos con Emi, la chica Belga que viajó con nosortos de Luam namtha a Luam prabang. Ella vivía alli y  nos invitó a una hoguerita nocturna el dia que llegamos.





     Los dias en Vang bieng volaron... A pesar de aquel mal ambiente del que tanto nos habían hablado, y que era cierto que existía... A nosotros nos atrapó un paisaje impresionante, la ciudad rodeada de montañas y aquella casita de campo; las noches al calor de la hoguera y por el día excursiones en moto perdiéndonos por los caminos en busca de cuevas y cascadas, que aunque luego resultaban no ser muy espectaculares, el camino hasta ellas rebosaba encanto.


    
    He de reconocer que esta ciudad también fue la propicia para darnos alguna fiestecita, que después de meses sin beber ni salir dejaban grandes secuelas al dia siguiente... El alcohol en estos paises es como fuego, y un delicioso mojito al dia siguiente se convierte en una terrible resaca!! en fin, sin comentarios...
    Conocimos gente que mereció la pena y que no tenia nada que ver con aquellos guiris borrachos de los que todo el mundo hablaba pòr Laos. El reencuentro con los belgas, que aunque estaban un poco más bebidos de lo normal desde que se levantaban hasta que se acostaban, eran un grupito muy divertido con los que nos echabamos muchas risas por las noches. Dos argentinos encantadores: Nacho y Martín que viajaban por el país en busca del calor tropical, huyendo del frio de la nieve ya que trabajaban haciendo temporadas de invierno tanto en España como Argentina como monitores de Esquí.
    Además cada día llegaba gente nueva: ingleses, alemanes, chilenos, brasileños,  y españoles pasaron por la hogera.






    
     En las incursiones diarias al centro de la ciudad nos mezclabamos con aquellos que bautizamos como los ´´entubados´´. El perfil de éstos estaba clarmente marcado: Jovenes de pelo rubio y tez blanquisima con una ligera tonalidad rojiza producida por el exceso de sol, bañador de colores casi fosforitos, cuerpo pintado con espray (corazones,  estrellitas, palabras, todo tipo de dibujitos) bolsa estanca de 3 litros y bolsito-cartera de plástico transparente colgado del cuello. Además gafas de sol con montura de colores y en muchos casos camiseta de tirantes con el logo del tubbing. Habia ejemplares de este perfil a montones que aparecían a eso de las 5 ó 6 de la tarde bien cociditos del tubbing.
     Y al final, un dia antes de irnos decidimos hacer el famoso tubbing y juzgarlo con nuestros propios ojos. La actividad que hace famoso este pueblo y que muchos viajeros ponen verde, nos resultó verdaderamente dievertida. Agarramos nuestros flotadores y nos tiramos rio abajo. No había a penas gente, cosa que no logramos entender: dónde estaban todos los entubados que habíamos visto cada dia por el  pueblo? El caso es que lo hicimos casi solos , nos cruzamos con poco mas de 15 personas.
     El rollo consiste en dejarse llevar por el río y disfrutar de un paisaje ´´acojonante´´ con perdón de la expersión. De vez en cuando nos dejabamos pescar por los camareros de los bares, que lanzaban cuerdas larguísimas a las que agarrarse para llegar hasta la orilla y tomar una beerlao fresquita en la terraza de un bar. Además en casi todos estos garitos habia toboganes gigantes  y tirolinas que te lanzaban de nuevo al agua para seguir el camino. Los lanzamientos eran verdaderas descargas de adrenalina!!
   Nos cayeron un par de tormentas fortísimas, una de ellas cobijados bajo el chamizo de un bar, la otra en plena bajada del río; una imagen espectacular, la lluvia callendo a cantaros, con muchisima fuerza sobre el agua del rio y sobre nosotros, las nubes grises casi negras cubriendo el cielo... Fue precioso, aunque después necesitamos secarnos al calor de la hoguera que nos prepararon en uno de los chiringos, estabamos helados!!!
     Decían que era temporada baja y que eso calmaba un poco el lugar. En temporada alta dicen que esta masificadisimo, que el descenso lo hacen cientos de personas, todos borrachos y, que hay muchas veces serios accidentes...
     Vang Vieng ha sido para nosotros una de las más divertidas estancias en Laos, un lugar que todo el mundo critica pero que paradojicamente casi nadie deja de visitar. Nosotros como he dicho, encontramos nuestro sitio aquí y disfrutamos de una semana tranquila y muy divertida. Juzgamos nosotros mismos el sitio, viendo que por lo menos ahora, en el mes de Abril, no es tan fiero el leon como lo pintan y que es uno de los lugares más bonitos que hemos visitado en el pais, por sus paisajes y sus alrededores. Además de divertido.
     A cualquier lugar se le puede sacar jugo y los grandes momentos llegan cuando y donde  menos lo esperas.

 Ceci







   

24/ 04/ 2011 SI QUERÍAS BICICLETA, TOMA DOS TAZAS

Los dias de retiro espiritual quedaron atrás: de Moang sing a Luam namtha  y ahora rumbo Luam Prabang.
    Los transportes por aquí, aunque más limpios, no son más comodos que en India o Nepal. Las carreteras no están nada cuidadas y debido a poseer un paisaje montañoso, los viajes se convierten en un continuo penduleo mientras subes y bajas colinas y montañas.
    Como la ruta que el turista laosiano no difiere demasiado en cuanto a su recorrido, además de los autobuses locales hay numerosos servicios privados (minivans para ocho personas) que ofrecen llevarte a los mismos lugares por precios similares.  Parece ser que el autobús laosiano comparte ciertas características con sus habitantes:tranquilos, pausados, chiquititos y sin necesidad de relojes que marquen los acontecimientos del día. Resulta que los autobuses aquí salen "cuando esta llenos", ni más ni menos. Para ellos el razonamiento tiene una lógica aplastante pero, a nosotros, rigidamente aleccionados por las costumbres occidentales, nos hizo crispar un poco los nervios. Al final, para no "llegar tarde"cogimos una de las minivans preparadas para turistas .
    El viaje se las trae: tres belgas, cuatro españoles, un koreano y ni una sola recta a la vista.
    Tenemos la costumbre en estos últimos meses de preguntar cada vez que subimos a algún transporte la distancia y el tiempo que tardaremos el llegar. No se que me parece más increible. Que en la gran mayoría de las ocasiones cualquier parecido con la realidad(en cuanto a la información que nos dan) es pura coincidencia o que nosotros sigamos preguntándolo insistentemente cada vez que nos pica la curiosidad.
    El caso es que una vez más cuatro horas fueron casi ocho.
    Llegamos a luang praban al anochecer. Por lo que hemos leido esta ciudad es una de las más bellas del sudeste asiático. Rodeada de templos budistas y con una arquitectura propia del mismísimo barrio de mont-matre, restos de la colonización francesa.
    Por lo pronto lo primero es encontrar un lugar para pasar los próximos días por la ciudad. En seguida nos dividimos. Los belgas tiran por su lado, los españoles tiramos por otro y al koreano le perdemos por el camino. Esto parece muy preparado para el turista y pronto vemos las primeras guest-houses. Nos sorprende más que el estilo afrancesado, el estilo palaciego de muchas de ellas. Después de un buen rato de búsqueda nos quedamos con una habitación sencilla y confortable. En el piso de arriba se hospedaran Julia y Jonny.
    Por la noche el centro de la ciudad cobra protagonismo. Un gran mercado nocturno con cientos de puestecillos de abalorios y otro perpendicular a este  donde disfrutar de las delicias gastronómicas de la zona. Aquí les gusta mucho, como diría mi hermana, la "barbequiu": pollos, cerdos, peces, no importa hace cuanto tiempo ha sido cazado o pescado: todo va a la parrilla.


A falta de pizarrilla, buena es la pared.
 

    Los dos primeros días han sido muy relajados. Deleitándonos en nuestra queridísima "vida de barrio", paseos por la orilla del Mekong y cenas al olor del carbón.
    Después de cuarenta y ocho horas nos dijimos que ya era hora de echar un vistazo por la afamada ciudad y sus alrededores: templos, cuevas y cascadas dicen hacer las delicias de los visitantes del lugar.
    Al día siguiente nos vamos en busca de los primeros: los templos. Junto con un par de bicis pasamos la jornada perdiendónos por los rincones de la ciudad. Vamos en busca de una escuela budista donde hemos leido que los jóvenes monjes son instruidos en las artes plásticas de pintura, escultura y reconstrucción de templos e imágenes de buda.
    Hoy deben estar todos de pellas porque en el aula no hay nadie. A pocos metro de la sala de estudio encontramos a un monje adolescente mandando un sms con movil de última generación. En el templo de la escuela están parte de los estudiantes tumbados a la bartola: siempre pueden decir que están en plena meditación.



    Nuestras sospechas se confirman cuando a poca distancia en otro templo adyacente, aguardan en su interior otro grupo de muchachos de cabeza afeitada y paño naranja alrededor del cuerpo. Uno con un portatil, el otro echando un cigarrillo, más alla otro a teclazo limpio con el movil. Como dirían algunos de nuestros mayores en España..."estos chicos de ahora no son como los de antes".
    La jornada de hoy nos ha servido para conocer un poquito el lugar en el que vivimos. La verdad que es precioso. El río rodea una ciudad plagada de templos espectaculares, no hay edificios y eso te permite tener una vista espectacular que se pierde en las lejanas montañas. El cielo, lejos de toda contaminación (en Laos solo hay una fabrica de cerveza y otra de cemento) parece salir de algun cuadro impresionista.
    Al día siguiente aprovechando que tenenemos la bici, nos vamos en busca de unas cuevas muy famosas que estan a unos veinte kilómetros de la ciudad. Salimos los cuatro(Joana, Jonathan, Ceci y yo) rumbo a las cavernas. Después de un par de horas de pedaleo, descubrimos que esta algo más lejos de lo que nos habian dicho pero, aun así, decidimos continuar.

Por el camino nos encontramos este suculento refrigerio.
Los últimos diez kilómetros son un continuo sube y baja de caminos embarrados que hace que estemos a punto de dar marcha atrás en nuestro empeño. Con algo de esfuerzo extra llegamos a la orilla del río donde se encuetran las cuevas al otro lado.


     El día se nos ha echado encima y dentro de poco anochecerá. Por lo que parece lo más interesante de las cuevas es el camino hasta llegar a ellas por lo que desviamos nuestros esfuerzos en buscar un bote que nos lleve de nuevo a la ciudad.


En cillos a tu jari
 Después de un pequeño reposo, finalmente, somos transportados por el río hasta la puerta de casa. El paseo por el Mekong no tiene desperdicio. Aquí los colores parecen tener un brillo especial y los atardeceres te dejan sin palabras.


 
      El último día ha quedado reservado a las catarátas que, supuestamente están a una distancia similar a la de ayer en las cuevas pero con un camino mas sencillo y llano. Con estas caractéristicas de trayecto y, siendo advertidos de que el paisaje hasta llegar es espectacular, consigo, con algún esfuerzo, convencer a Ceci para que vayamos de nuevo en bici. A los pocos kilómetros el primero de los datos descubrimos que es incorrecto. La distancia es el doble de la que pensaba: de catorce a treinta kilómetros. Ceci me mira con cara de pocos amigos pero mantiene la energía y no dice nada. Al poco rato, la supuesta recta infinita se convierte en un rompe piernas de sube y baja. Es verdad,el camino es precioso, pero las bicis que llevamos son de paseo, la temperatura es de treinta y cinco grados y la humedad del ochenta por ciento. Ceci se baja y se caga en todo. Después de soltar la furia que lleva dentro se recompone y decide que va a llegar con la bici hasta las cataratas aunque sea cargando la bici a la espalda. Su tesón y cabezonería no tienen límites.
     Tres horas más tarde llegamos. Exautos, acalorados. Al final una furgoneta cargada de leña nos ha trasladado cinco kilómetros y a poca distancia de la llegada hemos hecho un alto en el camino donde nos han invitado a un cumpleños ofreciendonos refrigerio local. Sudorosos pero contentos hemos dado con las cataratas. El trayecto ha merecido la pena. Pequeñas y grandes cascadas que dan lugar a sucesivas pozas escalonadas donde poder darte un chapuzón. El agua esta helada y pronto recobramos el aliento y el buen humor.

 

     Por esta vez la vuelta la haremos en tuc-tuc. Ahora, de regreso a casa disfrutamos aun más del paisaje sin tanto esfuerzo y con la caida del sol.
    Mañana nos vamos rumbo a una nueva ciudad de la que dicen que hay que poco que ver más que guiris borrachos descendiendo en un neumático de plástico por un tramo del mekong. Ya veremos.
    De momento aunque esta ciudad nos deja un bonito recuerdo por sus templos, sus palizas en bici, su paisaje y sus barbacoas, no es exactamente el lugar que esperabamos encontrar repleto del encanto de la tradición y la escasez de recursos. Nada como ser testigos de cada lugar en primera persona.
   


   

19/ 04/2011 MÁS LAOS

Una semana después de la llegada a este pueblito, empaquetamos nuestras cosas de nuevo y cogimos un bus, próxima parada: Luam Prabang. Para llegar hasta allí había que pasar por Luam nam tah, otra pequeña ciudad de la zona, donde podremos tomar otro autobús hasta nuestro nuevo destino. De momento tomamos un rumbo diferente a Lakshmi, que quiere visitar otro pueblo. Si no antes, nos reencontraremos con ella en el sur seguramente.
bien apretaditos en el bus...
       Al llegar a Luam nam tah resulta que no hay buses para Luam prabang  hasta el día siguiente. Buscamos una habitacion en la calle principal del pueblo, con intención de pasar una única noche. Esta pequeña ciudad, no nos sugiere un gran interés, aunque es algo turística, lo cual significa que habrá algo que ver aquí y está rodeada de un bonito paisaje.
     Por la noche fuimos a cenar a un mercado en el que hay una amplia oferta de carnes a la brasa y otras comidas tipicas de la zona. Allí conocimos a Jonathan y Joana, una pareja de españoles, menorquina y catalán, que andan viajando desde hace un par de meses por Tailandia y llevan unos dias en Laos, como nosotros.
     Esta primera noche tomamos algo juntos e hicimos buenas migas. Charlamos durante largo rato y nos parecio que desprendian una energía tranquila que nos dio muy buen rollo, nos sentimos muy agusto. Jonathan de 35 años (aunque aparente veintitantos...) ha viajado bastante, conoce unos cuantos paises de Asia y Latinoamerica. Desde hace tiempo acostumbra a trabajar la temporada de verano en Menorca y recorrer un poquito de mundo en invierno; cuando sus amigos le dicen que cuándo sentará la cabeza, él dice pensar: ´´sentar la cabeza? o parar la cabeza?''.

Está claro que siguen siendo muchos los que interpretan la vida del viajero como una vida inestable y con falta de seriedad. Muchos otros consideran, o consideramos, que viajar da aprendizaje y llena la vida de experiencia, porqué parar?. Joana por su parte, también dice vivir un poquito a contra corriente de su entorno, donde dice que se espera de ella una estabilidad algo más convencional, que de momento no esta dispuesta a tener. Juntos y sin conocerse desde hace demasiado tiempo, estan conociendo este pedazo del planeta.
      Nos contaron sus planes para el día siguiente en esta misma ciudad y, decidimos quedarnos un diita más aquí y unirnos a su plan.
     A la mañana siguiente, hoy, hemos alquilado unas motitos los cuatro y nos hemos ido a conocer el lugar. Fuimos en busca de unas cataratas que, aunque en un lugar precioso, selvático, resultaron estar un poquito secas...


Podiamos andar entre rocas que en temporada de lluvias estarán cubiertas por el agua.
    Después fuimos en busca de templos budistas, conocimos dos y, aunque eran preciosos, he de reconocer que nuestra actividad favorita en el viaje no está siendo visitar templos. Así que lo que más disfrutamos fueron las vistas del camino, la preciosa puesta de sol, los alrededores de esta ciudad que al llegar no queriamos conocer y en la que al final hemos pasado grandes momentos.
un paseito por los templos budistas...
 Hemos hecho nuestros primeros amigos en Laos y nos hemos perdido en moto por paisajes de ensueño.
    Ahora si, próxima parada: Luam prabang.

energía budista!

Ceci