Viviendo un pedacito del continente asiático.

2/ 04/ 2011 LUMBINI

Anita nos despertó por la mañana, iimpaciente por hacernos la última foto juntos antes de irse al colegio. Nos apuntó su telefono, intercambiamos algunos regalitos para tener recuerdos los unos de los otros y seguimos adelante en el camino.
     No siento las piernas!!: era mi sensacion matutina al coger la bici. La kilometrada de ayer habia dejado secuelas: dolor de manos, dolor de culo y, un cansancio, que yo sentía que tardaria dias en recuperar.
      Teníamos un objetivo: llegar a Lumbini, al sur de Nepal y a muy muy pocos kilometros de India. Es la ciudad donde nació Buda, dicen que está llena de templos de todas partes del mundo.  Lugar de peregrinaje para budistas y otros religiosos. Aún siendo una ciudad turística dicen que alli se respira calma. Vamos pues, en busca de la cultura religiosa y espiritual asiática. Queremos llegar en dos días más de bici y estamos a unos 120 km.
     A pesar de sentir que no puedo dar una sola pedalada más,  el descanso tendra que esperar. Haciendo de tripas corazón había que subir una colina nada mas levantarnos. Al poco tiempo comenzaba un gran puerto de montaña  y, ya escarmentados por aquel día que empujamos la bici montaña arriba, decidimos parar un camión que nos ahorrase este mal trago.
     Lo que en camión fueron quince minutos, en bici podrían haber sido horas. En el punto más alto de aquella montaña, retomamos la bici y nos dejamos caer rodando, con el vienteciito de primera hora de la mañana dandonos en la cara. De nuevo comenzó el camino en llano y se mantuvo durante toda la jornada.
     Después de 60 kilometros (por supuesto haciendo paraditas para beber algo y descansar) llegamos a una ciudad a tan solo 50 km de Lumbini.. Significaba que ibamos a conseguir nuestro ´´reto´´, mañana llegaríamos a la ciudad sagrada.
     Conseguimos una habitación en el pueblo, estaba limpia y en un lugar tranquillo. Después de una ducha renovadora  pasamos la tarde noche descansando, viendo pelis, tomando té y muy tempranito a dormir. Aquí en Nepal estamos llevando una vida de lo más sana: nos dormimos entre las ocho y las diez, nos levantamos entre las 5 y las 7 y el deporte es el protagonista de nuestras actividades.
     Por la mañana cogimos la carretera hacia Lumbini: llana, bien asfaltada, el sol aún no estaba alto, y los callos producidos por la bici eran más duros y resistenetes que el día anterior. Además la proxima parada era la meta y eso era una gran motivación.
     Cuatro horitas más tarde llegamos a dicha meta. Nuestra prioridad era encontrar una casa agradable y descansar. Aunque sabíamos que en el ´´sacred garden´´ un bosque gigante amurallado, nos esperaba un mundo nuevo por descubrir de templos y espiritualidad.
     Al día siguiente  agarramos las bicis y nos adentramos en el jardin sagrado. Había muchísimos templos y monasterios: coreano, chino, frances, nepali, hindú... La gran mayoría espectaculares por fuera. Por dentro... he de confesar que llegamos tarde y no nos dio tiempo a entrar a ninguno. Pero solo pasear en bici por aquel lugar en calma y lleno de construcciones preciosas, mereció la pena.

nos cerraron las puertas del templo chino en las narices...
templo coreano
      En algunos templos se alquilaban habitaciones. Qué rabia! de haberlo sabido podríamos haber pasado alli nuestra estancia en Lumbini. Nos planteamos por un momento quedarnos un día más; pero aún nos quedaba la vuelta a Pokhara, que sería un día entero de viaje, no sabíamos si en camión o en bus, tendríamos que buscarnos las castañas.Y en pocos días tenemos un vuelo a Tailandia, y queremos pasar antes por Kathmandú. Así que lo mejor es aligerar el paso y volver ya al campamento base.
     Al día siguiente, para llegar hasta Pokhara cogimos dos buses y un camión. Los autobuses aquí en Nepal son muy pequeñitos, como de juguete; además suelen ir petados de gente por dentro y en el techo. Así fuimos nosotros durante horas, subidos en el techo, acoplados en los hierros de aquella baca gigante. Los buses no son muy altos y no van a mucha velocidad, pero al principio impresiona un poquito. La verdad es que ibamos encantados; viendolo todo desde las alturas, con el sol y el viento pegandonos en la cara...




A cada poco rato uno de los dos daba la señal de alarma: ´´cuidado!´´ y nos agachabamos rapidamente para no darnos con las ramas de los arboles y, en muchos casos con los cables de la luz, que cuelgan muy bajo. También con los baches había que sujetarse fuerte y sostener el peso al caer si no queríamos ´´rompernos el culo´´ (con perdón de la expresión) al rebotar contra los hierros... Nos echamos unas risas ahí encima, pero después de seis horas de techo, cuando estaba anocheciendo, nos trasladamos al interior del bus, donde los asientos que un día nos parecían pequeños e incómodos, fueron como sillones de algodón mullido para nuestros  cuerpecitos cansados de tanto trote.



     Llegamos por la noche a Pokhara, una vez más. Aunque el primer día que llegamos aquí no nos gustó nada la zona (muy bonita pero excesivamente turística) se ha terminado convirtiendo en nuestro campamento base y, cada vez que llegamos después de unos días fuera, sentimos que llegamos a casa.

Ceci

2 comentarios:

  1. Hola

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