Viviendo un pedacito del continente asiático.

17/ 04/2011 LA TRIBU DE LOS AKHAS




     Hemos pasado seis dias en el pueblo del norte al que llegamos en Laos. Instalados en un precioso bungalow en una guest house perdida en el campo. Después del larguisimo viaje hasta aquí y de nuestra vida nómada en Nepal, llegamos con muchas ganas de estar tranquilos y asentados por unos dias y, lo cierto, es que lo hemos conseguido con creces. Tanto, que salimos de alli deseosos de encontrar un lugar con algo de movimiento y vidilla. En Moang sing la tranquilidad y puede decirse que la soledad, han sido las grandes protagonistas de cada dia.
     Un lugar rodeado de naturaleza, donde a menudo otros turistas venian solo de paso, para hacer algun trekking por los pueblos de alrededor. La zona es conocida porque está llena de pequeños poblados de tribus: Loa Akhas y los Yao son los más conocidos, pero hay mas de veinte tribus diferentes.
 
Aquí me doy cuenta de mi desconocimiento; al escuchar que había tribus, mi mente imaginó directamente a gente con taparrabos, tatuajes y quizá enormes dilataciones en las orejas u otros artilujios, asi como comunidades celebrando rituales basados en danzas y cantos tribales. Y seguramente mi creencia acierta con algun tipo de tribu que aún perdura en ese otro enorme continente que es África.


Mujer Akha


Pero en este caso, las tribus del norte de Laos han resultado ser algo menos llamativo que lo que yo imaginé a priori. Las mujeres Akhas vestían con los típicos pareos amarrados a las caderas y alguna camisola, un look muy campestre. Lo que les caracterizaba como tribu eran los avalorios que llevaban en la cabeza: unos gorros o turbantes llenos de bolas metálicas y cintas de tachuelas plateadas y de colores. Y las mujeres de la tribu de los Yao llevaban  altos turbantes de tela.







Mujer Yao, infraganti.

 

Las Akhas venían cada mañana al restaurante de la guest house a vendernos gorritos, cinturones y pulseras  hechas a base de semillas, retales de telas de colores y tachuelas recicladas de latas de cerveza. Mujeres mayores, quiza de más de 60 años, muy cariñosas a la vez que agobiantes por su deseo de venderte. No hablaban inglés pero imitaban muy acertadamente nuestras expresiones: nos hacían a menudo una especie de burla tierna...  Extendian sobre la mesa todo su genero de venta y mientras esperaban a que les hicieses caso o te decicieses por comprar algo te masajeaban los hombros, incluso te daban algún besito... La verdad es que eran muy graciosas,  aunque en momentos llegaban a sacarnos de quicio, pues rodeaban la mesa entre cuatro o cinco e insistían hasta hartarse durante largo rato. Es importante mencionar que no solo llevaban pulseritas entre su material de venta. Muchas veces te pasaban bajo la nariz un gorrito cargado de hierbas, mientras susurraban ´´Opio, opio. Ganja, ganja´´  resultaban ser ´´traficantes´´ de opio y marihuana. Una situación muy pintoresca a la hora del desayuno.


Lakshmi negociando unas pulseritas...
      Otros acosadores de la zona eran los niños. Los pequeños de las tribus acudían cada día a la puerta de nuestras habitaciones en busca de boligrafos y caramelos. Las palabras ´´pen´´ y ´´bubu´´ (caramelo) las repetían hasta la saciedad. El día que llegamos les dimos de todo hasta agotar existencias! por lo tanto el resto de los días se iban con las manos vacias, pero esto no les hacía rendirse para venir al día siguiente.
 
Los niños a la carga!!

bubu?
     Dimos algún paseo por los poblados. Lo cierto es que el paisaje era precioso. Las aldeas eran super pequeñitas, las casas de madera con tejados de paja. La gente desempeñaba sus tareas del campo, un ambiente más que tranquilo. Silencio y sonidos de la naturaleza: insectos, pajaros o el sonido del agua de algún riachuelo o lago.
 




     Pasamos allí días de máximo relax. Dormir, comer, charlar, guitarra, un poquito de ejercicio para movilizar el body y algún que otro paseo. Por las noches nos tomabamos una beerlao: la cerveza propia de Laos. Y tempranito nos dormíamos. La rutina no era más que esto pero alli estuvimos atrapados casi una semana.
    Coincidieron estos días con la fiesta del año nuevo, celebrada aquí en Laos, tambien en Tailandia y paises de alrededor por todo lo alto. Este año fue el 15 de abril, los comercios se cierran y la gente festeja la entrada del nuevo año y si no me equivoco, la llegada del monzón: la época de lluvias. Durante los días de antes y también algún día después, la beerlao corre a raudales, la musica a todo volumen, hogueras nocturnas, y por el día niños y mayores se tiran agua con cubos y pistolas de plástico. Por supuesto, si pasa un autobús o un tuc tuc con turistas a bordo, muy cerca habrá algún chabalito con cubo en mano para empapar bien a los guiris.
     El lugar donde estabamos nosotros era tan tan tranquilo, que nisiquiera vivimos el año nuevo de pleno. Solo en alguna incursión al pueblo principal pudimos ver lo que suponía esta fiesta. Además he de decir, que la fiesta en sí, no llego a nuestra casa de campo, pero si llegaron los daños colaterales, me explico: Laos fue colonia francesa y, una de las cosas que se pueden disfrutar en el país, que a viajeros que pululan por Asía les hace muy felices, es el pan de baguette. Sí, es común llegar a Laos y después de meses viajando y sin probar un mendruguito de pan en condiciones, poder saborear un bocadillo de pollo con pan de baguette. Pero nosotros hemos tenido que esperar a este manjar, ya que en moang sing debido a la fiesta del new yaer, el pan escaseaba.
      Lakshmi, Javi y yo, fuimos fieles inquilinos a nuestra paradisiaco y tranquilisimo hogar en el norte.  Solos los tres convivimos estos dias. Y solo tuvimos vecinos una noche: una chica española llamada Inma que vivia en Camboya desde hacia 5 años trabajando en una ONG y que ahora disfrutaba de unos días de vacaciones, y dos chicos italianos que recorrían el sureste asiático. El resto del  tiempo estuvimos solos, disfrutando de una vida quizá, demasiado tranquila.

Ceci.
    

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