Despertamos a media mañana, pues nos decidimos ir a investigar la zona aprovechando que tenemos un scotter para pasar la jornada.
Llevamos solo cuatro días pero es una sensación liberadora salir por primera vez de Arambol. Realmente es un area paradisiaca. Pequeñas carreteras repletas de vegetación: palmeras y árboles de formas imposibles.
Por el camino visitamos algún pueblo. Después, nos dejamos perder por el camino en busca de algo que capte nuestra atención. Encontramos un patio de colegio. Aquí todos tienen un aspecto encantador con sus suelos arcillosos y paredes de colores.
Los niños y niñas de esta escuela deben estar acostumbrados al turista pero, nos reciben con sonrisas y tímidos acercamientos. Al poco rato muchos de ellos se acercan buscando ser los protagonistas de una fotografía. Hay algo en su mirada que te cautiva: profundidad, intensidad, pureza.
Proseguimos la marcha rumbo a Anjuna: un supuesto paraiso tropical menos explotado por el turismo a pocos kilometros de nuestro hogar. La ruta es maravillosa: pequeñas carreteras que se abren en mitad del bosque y diminutos pueblos separados en poca distancia hacen el camino deliciosos.
Al llegar, descubrimos que el supuesto paraiso es una "bacalá". La playa no es muy buena y el pueblo está tomado por el turismo: de nuevo a casa.
Al caer el sol, nuestras visitas dan la señal que nos llevan a visitar de nuevo a Michael: nuestro camarero preferido. Es un personaje entrañable. Siempre tímido, siempre sonriente. Como si cada vez que hablase contigo fuera la primera vez y estuviese encantado de conocerte.
Ya saciados y con la mente despejada surge una mini-evaluación acerca de lo que estamos viviendo y de las espectativas que tenemos en este viaje.
Descubrimos que nuestras miras son muy altas pues estamos en la "espiritual India" y ambos teniamos un gran deseo por venir a descubrir, concocer, aprender...
Las grandes espectativas suelen preceder a grandes( o pequeñas) decepciones y aunque, lejos de estar decepcionados, la sensación común era de "falta algo". Concluimos la charla con palabras de sosiego y paciencia, siendo conscientes también de que el viaje acaba de empezar y de que lo bueno, a veces, se hace esperar.
Ya que tenemos moto durante dos días, hacemos una incursión nocturna en las entrañas del pueblo. Los indios deben acostarse muy pronto porque, no eran las nueve de la noche y el pueblo ya dormía. No habia mucho más que hacer así que decidimos y a casa a fumar un cigarrito y tomar una cerveza en nuestro patio de vecinos.
Tenemos nuestras pequeñas rutinas con las que disfrutamos cada dia: haciendo la hoja de gastos o preparando la ruta del día siguiente.
En esta situación nos encontrabamos cuando nuestro vecino Itai salía de la habitación de enfrente con una manta enreda en el cuerpo huyendo de la furia de los mosquitos. Se sentó, se presentó y nosotros comenzamos a sacar información acerca de la India debido a su larga esperiencia por aquí.
A los pocos minutos mostraba una cercanía, la cual nos hizo complices. Conversamos durante largo rato. Itai, es israelí y parece que la religión judia está muy ligada a la espiritualidad. Ayer él no podía escribir, no podia fumar ni beber: Sabat Shalom decía. El sábado es para el descanso.
Al oir ésto, Ceci comienza a canturrear una melodía con estas mismas palabras recordando sus clases de interpretación. Nuestro vecinos, los cuales son casi todos israelíes la siguen entusiasmados.
Itai nos ha dicho algunos sitios a los que podemos ir en India pero, por encima de todo, nos ha ayudado a recodar que lo más importante es lo que compartes en esos lugares.

los pequeños disfrutamos mucho con vuestros escritos...QUEREMOS MÁSSSSS!!!
ResponderEliminarDisfruten, sonrian y mimeticen con el ambiente de cada rinconcito que conozcan!
mil besos gordos, como el muñeco de michelin